La dance music mueve miles de millones. Casi nada de ese dinero llega a quienes fabrican los temas sobre los que gira.

Ese es el argumento central de un análisis publicado por We Rave You el 7 de agosto, que pone lado a lado dos cifras que rara vez se comparan: lo que cobra un DJ cabeza de cartel por bolo, y lo que cobra el productor de esos mismos temas por sus reproducciones en streaming. La brecha no es un error de redondeo. Es el modelo de negocio entero.

¿Por qué un tema de 1,49 dólares financia un caché de 600.000?

El precio por tema en Beatport apenas se ha movido desde que la plataforma se lanzó a mediados de los 2000: unos 1,49 dólares para catálogo, 1,99 para novedades. Veinte años de inflación, veinte años de subida en el coste del equipo, y el precio de la música en sí mismo se ha quedado quieto. Mientras tanto, según el análisis de We Rave You, los DJ cabeza de cartel en gira cobran ya 600.000 dólares o más por un solo bolo, construido sobre catálogos llenos de esos mismos temas a 1,49 o 1,99 dólares.

El caché del DJ refleja su capacidad de convocatoria, no el valor de la música que suena, y ahí está el problema estructural: los temas se tratan como una materia prima, al mismo precio que antes de que existiera el streaming, mientras quien los pincha capta el crecimiento.

¿Cuánto cobra realmente quien hizo el tema?

La tarifa por reproducción de Spotify ronda los 0,003 a 0,005 dólares, una cifra ampliamente documentada en los datos de la industria musical. Haciendo el cálculo, un productor necesita entre 4.000 y 5.000 reproducciones solo para cubrir una hora de salario mínimo. Por debajo de 1.000 reproducciones al año, según la política de umbral de pago de Spotify, el productor no cobra absolutamente nada: el tema se queda por debajo del límite a partir del cual la plataforma paga algo.

Un equipo de home studio básico, unos 1.748 dólares, exige alrededor de 388.444 reproducciones en Spotify, o unas 2.110 descargas en Beatport, solo para que el productor recupere lo invertido en el equipo.

Eso no es beneficio. No es un sueldo con el que vivir. Es, según el análisis de We Rave You, simplemente el coste del ordenador, la interfaz de audio y los monitores, antes de contar una sola hora de estudio o un caché de bolo.

¿La economía de la dance music descansa en silencio sobre trabajo no pagado?

Lo incómodo no es solo que el streaming pague mal, eso ya lo sabe todo el mundo en la música. Es que la economía interna de la dance music reproduce el mismo desequilibrio a una escala más pequeña y más personal. El caché de un DJ cabeza de cartel se sostiene sobre un catálogo de temas cuyos autores trabajan, estructuralmente, casi gratis. Las personas que construyen el sonido que llena las agendas de contratación son las menos protegidas por estas cifras.

Nada de esto es un escándalo en el sentido de una falta cometida por alguna de las partes. Es el efecto acumulado de una estructura de precios (Beatport) y un sistema de pago (Spotify) que son anteriores a la economía actual de las giras, y que nadie ha renegociado desde que los cachés de los DJ empezaron a subir a seis cifras.