Cercle, uno de los nombres más vistos de la música electrónica, le ha dicho a su público que atraviesa graves problemas financieros y cancela su Cercle Festival Mexico. El estudio francés, que se construyó un público mundial filmando sets de DJ donde ningún club podrá llegar jamás, la Torre Eiffel, el Salar de Uyuni, un globo aerostático sobre la Capadocia, explica que los costes acumulados durante los años de la COVID y una carga fiscal que no deja de crecer han terminado por alcanzarlo.

¿Qué anunció exactamente Cercle?

En un mensaje a su comunidad, Cercle dice afrontar graves dificultades financieras y renunciar a la edición mexicana prevista para el 14 y 15 de noviembre en Crania, el recinto al aire libre junto a la costa, cerca de San José del Cabo, en Baja California. La preventa ya estaba agotada. El estudio apunta a dos presiones que dice no poder absorber: una pila de costes heredada de la etapa de la pandemia y unos impuestos que suben año tras año. Promete mantener informados a los compradores de entradas sobre lo que viene.

Hace diez años empezamos Cercle con una idea simple: filmar a artistas en lugares extraordinarios. Lo que vino después superó todo lo que podíamos imaginar.

Son palabras del fundador Derek Barbolla, por el décimo aniversario del estudio, el mismo año en que el dinero ha empezado a faltar.

¿Cómo se queda sin dinero una marca tan grande?

El alcance nunca fue el problema de Cercle. Desde 2016 ha producido más de 240 programas en 31 países y ha convertido el house melódico, el techno y la electrónica en directo en un espectáculo de YouTube que ven decenas de millones de personas. Pero un público enorme y unas cuentas saneadas no son lo mismo. Cercle creció rápido en lo físico: ediciones de festival en 2019, 2022 y 2024 (la de 2022, en el Museo del Aire y del Espacio de Le Bourget, reunió a 24.000 personas), el sello Cercle Records desde 2020 y, en 2025, el espectáculo inmersivo Cercle Odyssey con sus pantallas gigantes de 360 grados. Los eventos en directo y experienciales arrastran costes fijos brutales, producción, logística, seguros, recintos y viajes, y una sola edición que rinde por debajo puede tragarse el margen de una decena de vídeos virales.

¿Qué significa esto para Cercle y sus fans?

Para los compradores de entradas, la primera pregunta son los reembolsos, y por ahora Cercle solo promete anunciar los próximos pasos. Para la escena en general, la señal es mayor. Si una marca con el público y el prestigio de Cercle no consigue cuadrar un festival insignia en 2026, es una luz de alarma sobre la economía de lo experiencial, esa en la que toda la industria se apoya desde que se levantaron los confinamientos. Cercle no ha dicho que cierre: sus directos, su sello y los espectáculos Odyssey no entran en este anuncio. Pero reconocer que está en apuros justo cuando debería celebrar una década es un giro que sienta como un jarro de agua fría para uno de los pocos éxitos de la música electrónica que han cruzado las fronteras del nicho.