¿Qué encontró realmente la policía?
Durante la primera semana de rastreos previos al festival en Daresbury Estate, los equipos especializados de la policía de Cheshire desenterraron grandes bolsas de MDMA, pastillas de éxtasis y ketamina, además de 204 botellas de óxido nitroso, todo enterrado bajo el recinto. Algunas pastillas llevaban diseños reconocibles: las verdes con el logo «Cornetto», las marrones marcadas «It's Coming Home», el tipo de imagen que circula en foros de análisis de drogas y grupos de Telegram de festivaleros mucho antes de que abra una sola puerta. Creamfields cumple 20 años esta edición, y la cantidad sacada de la tierra dice mucho sobre cuánto producto se posiciona alrededor de un festival de este tamaño antes de que llegue el público.
¿Por qué enterrar drogas meses antes de que abran las puertas?
Enterrar un alijo en el recinto, en lugar de meterlo el día del evento, es una táctica que dealers y asistentes llevan años usando en los grandes festivales británicos: dejar el producto pronto, cuando la seguridad todavía es escasa, y desenterrarlo una vez acampados. El superintendente Andy Blizard, al mando del operativo policial, no se anduvo con rodeos.
«Cada año nos enfrentamos a varios individuos descarados que creen que pueden burlarnos escondiendo drogas. Esperamos plenamente encontrar más cantidades a medida que continúen nuestros rastreos, lo que dejará a muchos de los que decidieron enterrar estos objetos muy decepcionados.»
Blizard señaló que la policía de Cheshire mantiene una política de tolerancia cero con las drogas en Creamfields, y que los equipos especializados seguirán rastreando el terreno en los días previos a la apertura del jueves, con agentes y seguridad presentes en el recinto durante todo el fin de semana.
¿Desenterrar alijos cambia realmente lo que pasa dentro del recinto?
Aquí está la tensión que nadie quiere decir en voz alta en un comunicado: incautar unos cientos de kilos de MDMA y ketamina preenterrados una semana antes no cambia casi nada de lo que 80.000 personas llevan encima al cruzar la entrada. Los alijos enterrados son una táctica logística, no el grueso de lo que realmente se consume en un festival de este tamaño. El discurso de tolerancia cero queda bien en un comunicado policial, pero los asistentes que bailarán tech house y techno en Daresbury Estate este fin de semana saben que el riesgo real no es que los pillen, es no saber qué lleva la pastilla que se están tomando. Ese es el debate que esta historia debería abrir de verdad.



