¿Qué pasó realmente en el Motel Campo?

DJ Nobu estaba en plena sesión en el Motel Campo de Ginebra el 5 de septiembre de 2026 cuando la cabina dejó de ser una cabina para convertirse en una extensión de la pista. Los asistentes estiraban la mano hasta los platos para tocar sus unidades USB, se subían junto a él para hacerse selfies y apuntaban la luz de sus teléfonos directamente a su cara mientras intentaba leer la sala. Según el reportaje de Resident Advisor, Nobu paró la música, tomó el micrófono y le dijo al público, sin rodeos, que la forma en que estaban tratando la cabina y la pista "ya no era normal". Advirtió que ese tipo de comportamiento puede arruinar el ambiente de un club para todos los presentes. En cuanto terminó de hablar, el ambiente de la sala se reajustó y la sesión siguió hasta un cierre positivo.

¿Por qué hace falta un veterano de veinte años para decir lo obvio?

Ahí está el punto que importa. DJ Nobu no es un novato incómodo ante el público: lleva dos décadas construyendo la reputación de uno de los selectores más serios del techno japonés, fundó el sello Bitta y es habitual en salas como Berghain y el fabric, que han construido toda su identidad en torno a proteger la cabina y la pista de este tipo de intrusiones. Si alguien con ese currículum todavía tiene que parar una sesión para explicar el respeto más básico, es que las reglas no escritas que antes se autorregulaban ya no funcionan en todas las salas.

"Ya no normal."

¿A quién le corresponde frenar esto antes de que tenga que hacerlo el DJ?

Ese es el verdadero debate. El Berghain tapa las cámaras de los teléfonos con pegatinas en la puerta y expulsa a quien pillan grabando; el fabric aplica una política similar de cero teléfonos. Son soluciones estructurales, decididas por la sala antes de que entre el primer asistente, no algo que un artista tenga que negociar en directo, en plena noche. El Motel Campo, esa noche, aparentemente no tenía ni la política de puerta ni el personal en pista para evitar que las manos tocaran el equipo y los teléfonos invadieran la cabina, lo que dejó a Nobu haciendo ese trabajo él mismo, en plena sesión, delante de una sala a la que se suponía que solo debía hacer bailar. La cobertura de Clubbing TV señaló la distancia entre lo fuerte que reacciona la escena ante un momento así y lo callada que se queda ante problemas mucho más graves en la pista, lo cual es en sí mismo un debate sobre dónde se gasta realmente la indignación. En cualquier caso, la cultura del teléfono y el turismo de cabina no van a desaparecer solos, y dejar que cada DJ imponga la cultura de la sala en plena actuación no es una solución, es un síntoma.