¿Para qué sirve realmente el dinero de la entrada?
El E-FEST Camp no vende entradas a precio fijo. Funciona con pago voluntario, un modelo que el propio festival describe como un círculo virtuoso entre creación contemporánea y conservación del patrimonio. Ese dinero va destinado a Ksar El Ferch, la aldea-granero bereber fortificada donde se monta todo el evento, cerca de Ghomrassen, en la gobernación de Tataouine, en el sur de Túnez. Cuando el festival se instaló aquí por primera vez para su edición de abril de 2025, los organizadores anunciaron que los ingresos irían directamente a restaurar las ghorfas del recinto, esas cámaras abovedadas y apiladas que las comunidades bereberes usaban para guardar grano y aceite de oliva. Décadas de abandono han dejado a muchas en ruinas. La edición de 2026, del 29 de octubre al 1 de noviembre, es la segunda en poner a prueba ese modelo a mayor escala.
Detrás hay una estructura pequeña y de base asociativa: Echos Electrik, que organiza el E-Fest desde 2007. El E-Fest original celebró trece ediciones en la catedral de Cartago antes de apagarse durante años. Ksar El Ferch no es simplemente volver al formato de siempre, es una reinvención completa: cambiar una ruina romana muy turística por un sitio patrimonial vivo y frágil que el propio festival se compromete ahora a ayudar a salvar.
¿Quién toca realmente en un ksar del desierto en 2026?
Olvídate del cartel con grandes nombres de festival house. El programa de 2026, repartido en tres escenarios dentro del patio central del ksar y en el cercano Hotel Dakyanus, se inclina hacia el techno, el bass y lo experimental: la productora tunecina Deena Abdelwahed, Marwa Belhaj Youssef, Cheb Runner, Ko Shin Moon, Abadir, Pan-J y Virus2020 forman el cartel musical, del viernes 30 al domingo 1. Convive con instalaciones de arte digital proyectadas dentro de las ghorfas, un espacio Agora para debates y masterclasses, land art y excursiones diarias por el desierto circundante: una programación que se parece más a una bienal de arte que a una rave.
Ksar El Ferch es un antiguo granero bereber fortificado. Aquí, la creación artística se pone al servicio de los habitantes, el patrimonio y el imaginario colectivo.
¿Por qué le importa a la escena un granero con siglos de historia?
Porque el lugar hace mucho más trabajo del que suele hacer un recinto de festival. Las ghorfas de los ksour del sur tunecino comparten exactamente la arquitectura abovedada que George Lucas filmó como el hogar de Luke Skywalker, y la región de Tataouine es precisamente la que inspiró el nombre de Tatooine. Ksar El Ferch figura en la lista indicativa de la Unesco por el hábitat troglodita y el mundo de los ksour del sur tunecino. Un festival que decide instalarse ahí, y que ata su propia supervivencia a la del edificio, sigue siendo un modelo más raro que la economía de patrocinios y márgenes de promotores que mueve a la mayoría de los festivales electrónicos.



