¿Quién demanda a quién, y por qué ahora?

El 22 de junio, el bufete que Udio menos quería ver enfrente presentó una demanda enmendada contra ella en el distrito sur de Nueva York. Hagens Berman, junto a Delgado Entertainment Law, amplía una demanda colectiva que acusa a Udio y a su rival Suno de haber construido sus modelos generadores de música sobre trabajo robado. La demanda habla de "decenas de millones" de grabaciones copiadas, en su mayoría de artistas independientes, obtenidas esquivando las protecciones técnicas de YouTube, Spotify y otras plataformas.

"Los artistas y productores independientes son el corazón y el alma de la industria musical, y ante la IA son los que más tienen que perder", afirmó Steve Berman, socio director. Krystle Delgado, fundadora del despacho asociado, lo dijo sin rodeos: aliarse con una firma de este tamaño y trayectoria "refuerza nuestra capacidad de defender estos derechos".

¿Qué tiene que ver el tabaco con el house?

Todo, si eres productor underground. Hagens Berman no es un especialista del sector musical buscando un titular. Berman fue fiscal general adjunto especial de trece estados en el caso contra Philip Morris y el resto de la industria del tabaco, un pulso que terminó en un acuerdo de 260.000 millones de dólares, para el bufete la mayor indemnización de la historia estadounidense. Es una de las pocas estructuras que de verdad ha tumbado a una industria de billones.

Eso importa aquí porque los "decenas de millones" de artistas de la demanda no son una abstracción. Son quienes suben un edit de deep house a SoundCloud, un EP de tech house a Bandcamp, un rip de Boiler Room a YouTube. Ese catálogo, la web abierta del underground, es justo el material del que se nutren estos modelos, y casi nada se licenció.

Quienes tenían menos poder hicieron la música. Quienes tenían más se entrenaron con ella gratis.

¿Y las grandes discográficas?

Cobrando en silencio. Universal cerró su litigio contra Udio en octubre de 2025 y ahora codesarrolla una plataforma de IA con licencia con la misma empresa a la que demandaba. Warner hizo las paces con Suno un mes después. Solo Sony resiste, y sus casos sobre uso legítimo deberían dar una sentencia decisiva este verano. Una major puede licenciar un catálogo y cobrar. Un productor de dormitorio en Lagos o Sevilla no, y por eso la pelea de los independientes ha recaído en un bufete que sabe hacer ceder a un gigante.

El tribunal ya ha dado señales de que el caso no es frívolo: el 21 de mayo, un juez de Nueva York se negó a desestimarlo en bloque y validó reclamaciones al amparo de la Digital Millennium Copyright Act. La acción pide indemnizaciones y una orden judicial contra nuevas infracciones.