El Ayuntamiento de Ibiza ha frenado el proyecto de la macrodiscoteca del Corso, el emplazamiento pensado para acoger el traslado de Lío Ibiza a partir de 2027. Según La Voz de Ibiza, la resolución 2026-7368, fechada el 17 de septiembre, suspende la licencia urbanística 11/2026, deteniendo unas obras que debían reanudarse el 1 de octubre.

No se trata de otro argumento legal más: es una paralización efectiva. El Ayuntamiento invoca el artículo 117.2 de la Ley 39/2015, la disposición reservada para los casos en que continuar un proyecto causaría «perjuicios de difícil o imposible reparación». Una asociación de vecinos de Illa Plana, Illa Grossa e Illa d'en Valerino había presentado la solicitud de suspensión ya el 12 de agosto; hicieron falta cinco semanas de presión para obtener respuesta.

¿Por qué no puede el Ayuntamiento corregir el proyecto sobre el papel?

Porque sus propios técnicos dicen que no es posible. El proyecto del Corso supera el límite del 15 % de incremento de ocupación que la Ley balear 2/2020 fija para contener la nueva capacidad turística y de ocio en la isla. El arquitecto municipal lo dejó por escrito el 22 de julio: la infracción «no es subsanable mediante modificación del proyecto». Es una admisión llamativa viniendo de la misma administración que llevaba meses buscando una vía legal para aprobar el club, y es lo que da a esta suspensión más peso que las escaramuzas procesales anteriores.

¿Qué pasa ahora con el traslado de Lío?

Nada está muerto todavía, pero el calendario está en serio peligro. Dos recursos distintos contra el proyecto, los expedientes 39/2026 y 85/2026, siguen su curso en los juzgados de Palma, al margen de esta suspensión administrativa. El traslado de Lío al Corso estaba previsto para 2027; cada mes que la licencia siga congelada es un mes menos para cumplir ese plazo.

La admisión por escrito del arquitecto municipal, según la cual la infracción de ocupación no puede subsanarse modificando el proyecto, es el detalle que da a esta suspensión un peso que las objeciones anteriores no tenían.

Este pulso entre el promotor y el vecindario dura ya casi un año. Lo que ha cambiado esta semana es que los propios documentos del Ayuntamiento dan ahora la razón a los vecinos, no al club.