¿Por qué la isla más importante de la música house pone tope a sus propios clubs?
El titular parece una contradicción, y ahí está la clave. El 27 de junio de 2026, Mariano Juan, primer vicepresidente del Consell d'Eivissa, afirmó en pleno que el PIAT, el Plan de Intervención en Ámbitos Turísticos que se está redactando, establecerá una prohibición de nuevas licencias de discoteca en toda la isla. Lo planteó como algo a acordar en consenso con el sector, no a imponer por encima de él.
Hay que leerlo como un tope, no como una poda. El argumento: ciertas zonas ya tienen todo el ocio que pueden soportar, así que la respuesta es dejar de dar licencias nuevas en vez de tocar los locales que ya funcionan. Para quien trabaja en el sector, el matiz importa: es control de la oferta, la isla decidiendo que no va a crear ni una sala grande más.
¿Significa esto que Ibiza le da la espalda al ocio?
No, y Juan se esforzó en dejarlo claro. En la misma sesión calificó a la industria del ocio como algo que posiciona a la isla, la diferencia, complementa su economía y genera miles de empleos, y añadió que no tiene nada de indigno y que esos negocios no son un problema.
Congelar lo nuevo, proteger lo legal: toda la estrategia en una sola línea.
Ahí está la tensión que conviene vigilar. Un consell presionado por las fiestas ilegales en villas, los afters y los barcos de fiesta sin licencia traza una línea clara entre el negocio legal que quiere defender y la nueva oferta que quiere ahogar. El anuncio llegó en respuesta a mociones del PSOE y de Unidas Podemos sobre fiestas ilegales y turismo sostenible, y sigue a una propuesta del PSOE, el 18 de junio, de prohibir directamente nuevas discotecas y beach clubs en toda la isla.
¿Qué cambia de verdad un congelamiento en toda la isla?
Menos de lo que parece sobre el papel, y más de lo que parece en la práctica. Casi todos los municipios salvo Sant Josep ya prohíben las nuevas discotecas en sus normas urbanísticas, y ese modelo aguanta desde hace unos 15 años pese a las alternancias políticas. Lo que haría el PIAT es elevar ese mosaico al nivel de la isla y convertirlo en la norma única en todas partes.
La fricción ya se ve a pie de calle. En la zona de Illa Plana, una asociación de vecinos se moviliza y amenaza con acudir a los tribunales contra un nuevo club Lío previsto en el Hotel El Corso. Su afirmación, que les atribuimos a ellos, es que el permiso se apoya en una licencia de discoteca que nunca existió y que el plan urbanístico prohíbe conceder nuevas. Es justo el tipo de batalla que un congelamiento general en toda la isla pretende zanjar de antemano.



