¿Qué ha autorizado exactamente el Ayuntamiento de Sant Antoni?

El Ayuntamiento de Sant Antoni de Portmany ha dado luz verde a una fiesta privada de pago llamada Ibiza Feels Like, también anunciada como Feels Like Eclipse Festival, en la playa pública de s'Arenal, el 12 de agosto de 2026. La fecha no es casualidad: esa tarde las Baleares vivirán un eclipse solar total, que arrancará sobre las 19:30 y alcanzará su totalidad una hora después aproximadamente. Los organizadores esperan cerca de 5.000 asistentes y cobran entre 35 y 45 euros por ver un fenómeno celeste gratuito desde una playa habitualmente abierta a cualquiera. Falta un último permiso: el de Costas, la autoridad estatal que regula el litoral público, que a fecha de esta publicación aún no había dado su aprobación.

No es la primera ocupación de s'Arenal este verano. El Ibiza Global Festival ya tomó el mismo tramo de playa del 3 al 5 de julio, vallándolo frente a los bañistas de paso y generando quejas de vecinos hartos del ruido. Dos privatizaciones de pago de la misma playa pública en seis semanas es justo el tipo de patrón que convierte una queja puntual en un asunto político.

¿Por qué una fiesta de eclipse amenaza a un ave que casi nadie conoce?

El colectivo Salvem Sa Badia de Portmany no cuestiona el turismo del eclipse en sí. Cuestiona el momento y el ruido. Agosto cae justo en la ventana de los primeros vuelos de los polluelos de pardela balear, una especie que no cría en ningún otro lugar del planeta y que está clasificada en peligro crítico de extinción. Las crías que abandonan el nido para su primer vuelo son especialmente sensibles al ruido repentino y a la luz artificial, dos cosas que garantiza un equipo de sonido para 5.000 personas instalado en la arena.

«El ruido afecta al primer vuelo de los pollos, que se produce precisamente durante esta temporada», ha declarado Salvem Sa Badia de Portmany.

En su propia web, el colectivo va más allá: sostiene que Sant Antoni privatiza una playa pública y encima cobra entrada para acceder a ella, un doble agravio sobre un terreno que es de todos. Ara Balears también ha recogido la afirmación, sin confirmar, de un vecino según la cual la policía le dijo que el evento no tendría límite de ruido. TTH no ha podido verificar esa afirmación de forma independiente, y ni el Ayuntamiento ni la policía la han confirmado.

¿Va esto realmente de aves, o de quién controla la playa?

El asunto ya se ha convertido en un balón político. La oposición socialista de Sant Antoni presenta la fiesta como símbolo de un modelo turístico «agotado», el argumento habitual contra las privatizaciones cada vez mayores del espacio público en Ibiza. El PP, en el gobierno municipal, ha respondido directamente acusando a Salvem Sa Badia de Portmany de hipócrita por no haber criticado un festival anterior en s'Arenal, celebrado casi tres años antes de que la asociación existiera siquiera, un argumento que dice más sobre la pelea política del momento que sobre el ruido que puede soportar un polluelo de pardela.

Quitando la pose de ambos lados, la pregunta de fondo es sencilla: quién decide para qué sirve una playa pública, la noche en que el propio cielo es el espectáculo.