Lío lleva quince años con su cabaret y club en el paseo marítimo de Marina Ibiza, mesas desde 500 euros, un escenario que parece flotar sobre una piscina y una clientela que lo convirtió en una de las salas más fotografiadas de la isla. Ahora se prepara para mudarse al Ibiza Hotel Corso, cerca de la estación marítima de Botafoc, con apertura prevista para 2027. El traslado en sí no es la noticia. Cómo se está tramitando la licencia, sí.
¿Por qué Lío no puede simplemente pedir una licencia nueva de discoteca?
Porque el ayuntamiento de Ibiza cerró esa puerta en 2023. El Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) del municipio prohíbe la instalación de cualquier discoteca nueva o actividad de ocio nocturno equivalente en todo Ibiza ciudad, sin excepciones, sea quien sea el promotor o cuánto facture. Precisamente por esa prohibición, a los vecinos de s'Illa Plana les sorprendió enterarse de que un local con el tamaño y la fama de Lío iba a instalarse justo al lado.
Según la información de Periódico de Ibiza y La Voz de Ibiza, el proyecto no se ha tramitado como una discoteca nueva. El Hotel Corso ya cuenta con una licencia de "actividades complementarias", una categoría que la normativa hotelera española reserva a servicios para los propios clientes del hotel: un bar con música ambiente, una pequeña pista de baile junto al servicio de cena. Los abogados de los vecinos sostienen que reutilizar esa licencia para un club abierto al público general, con reserva de mesas, espectáculo montado y aforo pensado para todo el mercado, deja de ser una actividad complementaria. Es una actividad nueva, disfrazada bajo una etiqueta antigua.
"La ley se tiene que aplicar para todos." - Alberto Sánchez Runde, presidente de la Asociación de Vecinos de Illa Plana
¿Qué piden realmente los vecinos, y hasta dónde están dispuestos a llegar?
Más allá del argumento legal, los vecinos de s'Illa Plana señalan algo más inmediato: sus calles. El barrio tiene un único acceso de un solo carril, ya saturado por el tráfico de ferries, taxis y pasajeros de cruceros entre abril y octubre. Añadir un local del tamaño de Lío, dicen, convertiría un cuello de botella en un colapso permanente.
En abril, los vecinos pidieron una reunión urgente al alcalde y anunciaron que presentarían una solicitud formal de revisión de las licencias concedidas. En junio, la asociación de Illa Plana se reorganizó con una nueva junta, contrató abogados, ingeniero y arquitecto para analizar la documentación, e hizo pública su conclusión: a su juicio, la licencia es nula de pleno derecho. El ayuntamiento ha paralizado desde entonces dos veces las obras del solar, la última tras un aviso vecinal sobre la prohibición estival de excavaciones en zona turística, y los técnicos municipales revisan ahora el expediente directamente. Nadie descarta, por ahora, llevar el caso a los tribunales.
Lío, por su parte, no ha cambiado de postura: asegura que el proyecto está en regla. La empresa recuerda sus quince años de presencia en Ibiza y describe el futuro local como una combinación de gastronomía, espectáculo en vivo y hostelería, con "reserva previa, servicio en mesa, aforo controlado", un lenguaje elegido para mantenerse dentro de la categoría hotelera y no en la de discoteca, que está prohibida.
¿Por qué importa este atajo hotelero más allá de Lío?
Porque si funciona para Lío, funciona para cualquiera que pueda comprar el hotel adecuado. La prohibición de discotecas en Ibiza se redactó para frenar la llegada de más macrolocales a un calendario ya saturado, pero un atajo basado en "actividades complementarias" permitiría a cualquier operador con capital suficiente esquivar esa prohibición simplemente comprando un hotel en vez de solicitar una licencia de club. Ese es exactamente el precedente que los abogados de s'Illa Plana intentan frenar, y por eso la revisión del expediente por parte del propio ayuntamiento, no solo la queja vecinal, es lo que de verdad conviene vigilar.


