¿Qué pasó en el Lion & Lamb?

El 5 de julio de 2026, la sala de Hoxton comunicó a sus seguidores que «no mantendrá ninguna relación comercial con Andre King, de ningún tipo», apartando por completo de la empresa al hombre que la cofundó. Se cancelaron todos los eventos previstos para que el equipo restante pudiera, en sus propias palabras, «decidir los próximos pasos con eficacia». El cofundador que permanece, Mauro Ferno, se declaró «absolutamente indignado», y añadió que nunca imaginó que fuera «algo tan grave como lo que se está denunciando».

Las acusaciones, que incluyen abuso y coacción, llevaban días circulando en Reddit y en la cuenta de Instagram @exposingandreking, que pide a las presuntas víctimas y a cualquier persona con información sobre King que presente una denuncia ante la Policía Metropolitana de Londres. Hasta la fecha no se ha anunciado ningún cargo penal.

¿Por qué los DJ se niegan a volver?

En menos de 48 horas, Silverlining, Voigtmann, Secretsundaze, De La Reef y Sugar Free figuraban entre los artistas que descartaron públicamente futuras fechas en la sala. Ninguno de ellos controla la puerta, las cuentas ni la licencia del Lion & Lamb. Su influencia es más modesta, pero más directa: un DJ que se niega a tocar es una fiesta que no ocurre, y seis nombres negándose a la vez, sin coordinación aparente, en apenas dos días, se parece a un veredicto que la escena dictó más rápido que cualquier proceso oficial.

«No mantendremos ninguna relación comercial con Andre King, de ningún tipo.» (The Lion & Lamb, vía Instagram)

¿Qué ocurre cuando el boicot es la única herramienta de rendición de cuentas de una escena?

Una sala como el Lion & Lamb funciona con un tipo de confianza que nunca queda por escrito en ningún contrato: los DJ entran por la palabra de un amigo, los promotores se avalan entre ellos, y nadie revisa los antecedentes de alguien antes de entregarle las llaves de una sala llena a las tres de la madrugada. Esa informalidad es justo lo que distingue a una sala pequeña e independiente de un club corporativo, pero también significa que no existe ningún departamento de recursos humanos al que acudir cuando algo sale mal, solo comunicados de Instagram y una lista cada vez más corta de artistas dispuestos a tocar allí. El boicot es rápido, público e imperfecto, pero por ahora es la única estructura de rendición de cuentas que realmente tiene este rincón de la escena.