¿Qué reclama en realidad el sindicato?

La American Federation of Musicians ha ido a por Warner Music Group y Universal Music Group con una acusación sencilla: que los sellos entregaron las grabaciones instrumentales de sus miembros a los generadores de IA Suno y Udio para entrenarlos, sin preguntar a los músicos ni pagarles. La demanda, conocida a comienzos de junio, dice que los sellos se niegan a revelar qué catálogos y qué grabaciones pasaron por las máquinas, lo califica de violación del convenio colectivo y lo dice sin rodeos: ese trabajo fue "echado de comer a las máquinas con fines de lucro" mientras las grandes "protegían sus propios intereses".

Lo que escuece es el calendario. Son las mismas grandes que en 2024 demandaban a Suno y Udio hablando de robo.

¿Por qué golpea más fuerte a la música electrónica?

Porque Suno y Udio escupen temas electrónicos enteros a partir de una línea de texto, y ese terreno se llena rápido: Deezer ya ha reconocido que las subidas sintéticas son una buena parte de lo que recibe cada día. Los catálogos que se explotan están llenos de músicos de sesión, voces e instrumentistas cuyas pistas le dan a la house y a sus primas ese aire humano. Si una grande puede colar eso en un modelo sin hacer ruido, el precedente alcanza a cualquier productor fichado por una grande, distribuido por ella o sampleado de su catálogo.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

El camino es corto y cínico. En 2024 las grandes y la RIAA demandan a las firmas de IA. Luego pactan: Universal firma con Udio en octubre de 2025, Warner con Suno en noviembre de 2025, y el acuerdo con Suno hasta se lleva el Songkick de Warner. Suno levantó después 400 millones de dólares con una valoración de 5.400 millones. Y ahora quienes de verdad tocaron en los discos dicen que los borraron del trato. Sony sigue en juicio, con una vista clave sobre uso legítimo en el caso Suno a la vuelta de la esquina.

Los sellos hicieron justo lo que denunciaban, resume el sindicato.