¿Qué le pasó a Oliver Tree?

Oliver Tree, cantante y productor estadounidense nacido en 1993, murió el 14 de junio de 2026 a los 32 años, una de las seis víctimas de la colisión de dos helicópteros sobre Recreio dos Bandeirantes, en el oeste de Río de Janeiro. Estaba en Brasil en plena gira, presentando su cuarto álbum publicado de forma independiente, Love You Madly, Hate You Badly; un productor que debía ir en el vuelo sobrevivió. Los homenajes llegaron de inmediato. Diplo, que había construido con él el tema de Ultraman para la película Ultraman: Rising, publicó una despedida larga y descarnada en Instagram, seguida por T-Pain y otros.

«Era él mismo al 1000 %, en una misión para sumar alegría a esta escena musical. Nunca he conocido a nadie con un nivel de vibración tan alto», escribió Diplo.

Su amistad iba mucho más allá de la música. En diciembre de 2023, los dos se habían unido para una «Wellness Adventure to Antarctica» exclusiva de seis días, organizada en colaboración con la ONG de conservación marina Oceana para concienciar sobre los océanos del mundo. Tree contó después en el Danny Brown Show que la expedición deparó algo surrealista: vio una pirámide y escaló una pared de hielo mientras filmaba un documental allí.

¿Qué había decidido hacer con sus regalías?

Lo más llamativo es lo que ya había planeado para el dinero. En abril de 2026, en el Zach Sang Show, Tree detalló un testamento que deja fuera casi por completo a su familia. «Mi familia, nadie va a recibir ni un centavo», dijo, con una sola salvedad: «Pagaré los estudios de mis hijos, ese es el trato». Todo lo demás debe alimentar una fundación que llamó Dr. Oliver Tree's Art Grants for Baby Geniuses, dinero para que jóvenes artistas produzcan de verdad sus obras, «contraten gente para producir» y «alquilen equipo». Sobre todo, la quería autosuficiente: «los intereses que genere mi música cubrirán casi todo», explicó, apostando a que «cuando muera, mi arte seguirá generando regalías, y probablemente valdrá más que ahora». Un comité de colaboradores, dijo, votaría cada año a quién se concede una beca.

¿Por qué el testamento de un artista importa a toda la música?

Porque es una apuesta sobre cómo se comporta un catálogo cuando su autor ya no está, y Tree acertó. En los días posteriores a su muerte, sus reproducciones se dispararon, ese conocido pico póstumo que convierte un catálogo en una renta. En la mayoría de los artistas, esa plusvalía se la quedan los herederos, o los fondos de inversión que hoy compran catálogos a manos llenas. Tree la apuntó a otro lado: a la próxima generación de creadores raros, sin dinero y ambiciosos, financiada a perpetuidad por los ingresos de una carrera levantada justo sobre esa energía. Queda la pregunta de fondo, la de la ejecución: montar un organismo de becas sostenido por ingresos de derechos es más difícil de hacer que de decir en un podcast. Pero como diseño sucesorio, en una industria obsesionada con el valor de los catálogos, es algo raro: un artista que trata sus propias regalías futuras como capital semilla para los demás.