Canberra acaba de perder una de sus pocas salas dedicadas al house y al techno underground. Shadows, abierto desde julio de 2024 en el barrio de Civic, anunció el 7 de octubre en Instagram su cierre definitivo: "Luchamos duro por seguir pero lamentablemente hemos perdido esta batalla."

¿Por qué un club de dos años se quedó sin margen?

Andrew Heaney, el propietario, no lo adornó. Dijo a la prensa local que el cierre fue "puramente por dinero", y añadió: "Hemos sostenido el local financieramente durante toda su vida." El club ya había resistido antes la típica caída de invierno en Canberra, pero esta vez no hubo recuperación. "La decisión final fue repentina, pero probablemente llevábamos un par de meses presintiendo que íbamos en esa dirección", dijo Heaney. "Luchamos para pasar el bajón de invierno, siempre lo hay en Canberra, pero llegamos a una posición financiera de la que no podíamos salir sin medidas drásticas."

El problema de fondo, según él, tiene menos que ver con la programación que con la infraestructura. Shadows abrió casi al mismo tiempo que empezaban las obras de la fase 2A del tranvía de Canberra, un proyecto que no se completará hasta 2027-2028. Heaney señala la "falta de aparcamiento, de acceso al centro y de transporte público, todo provocado por las obras" como la verdadera causa de la caída de visitantes. "Intentamos resistir pensando que, cuando acabaran las obras, todo mejoraría", explica, pero el club no aguantó hasta entonces.

¿Qué dice este cierre sobre las escenas regionales?

Shadows nunca tuvo el colchón de una sala en Sídney o Melbourne: sin una red densa de promotores, sin público turístico, sin un público de repuesto en una noche floja. El club vivía de estudiantes universitarios y de un círculo creativo local, programando a 3Phaz, Cromby, DJ Life y Box Elder, nombres que importan a la pequeña pero real escena house y techno de Canberra, aunque sin el tirón suficiente para compensar una crisis provocada por obras. Ese es el nudo estructural de cualquier sala underground fuera de las pocas ciudades que son capitales de la música electrónica: la música puede ser excelente y el local puede, aun así, no sobrevivir a un mal calendario de obras municipales.

"Luchamos duro por seguir pero lamentablemente hemos perdido esta batalla."

Heaney afirma que varios interesados ya están rondando el espacio de East Row, con la esperanza de mantenerlo como bar y sala de conciertos. Que el próximo inquilino aguante mejor dependerá menos de la programación que de si las calles de Civic son realmente transitables de nuevo para 2028.