¿Qué se instala realmente en la antigua sala del Watergate?
No es un club de techno. Silencio es un club cultural parisino fundado en 2011 por Arnaud Frisch, Manu Barron y Anthony Caton, cuyo universo se concibió junto al cineasta David Lynch. Su reputación se construyó sobre charlas de arte, proyecciones, conciertos y fiestas de la semana de la moda, no sobre programación de DJs. El 30 de octubre, ese universo se traslada a la sala junto al Spree, en Falckensteinstrasse, que Watergate ocupó durante 22 años antes de cerrar en enero de 2024, vacía desde entonces. La residencia de siete meses, hasta mayo de 2027, celebra los 15 años de Silencio, y el rediseño no es cosa menor: el artista Marc Leschelier firma las instalaciones de hormigón y las cabinas de DJ, Studio Karhard (la firma detrás del interior del Berghain) se encarga de la arquitectura, junto a Studio Raito y Bureau Borsche.
¿Por qué abrir con una noche de arte y no con una rave?
La preapertura del 9 de septiembre presentó a Richie Hawtin, Ben Klock, BASHKKA y Valentina Magaletti, pero la fecha no se eligió por los DJs. Coincidía con la inauguración de la exposición de Maurizio Cattelan en la Neue Nationalgalerie, dentro del Reference Festival. Ahí está la clave: no es una programación pensada para recuperar al público histórico del Watergate, es una institución parisina que importa su propio calendario, inauguraciones, moda, cine, a una sala que pasó dos décadas como referencia techno junto al Spree.
"Un club es una forma que hay que reinventar, no conservar."
Así lo dijo el cofundador de Silencio, Arnaud Frisch, citado por Groove, dejando claro que Silencio nunca pretendió ser un Watergate bis.
¿Qué pasa con la sala después de mayo de 2027?
Ni Resident Advisor ni Groove lo precisan. Silencio ya ha montado pop-ups antes, en Nueva York, Venecia, Cannes y Miami, así que un formato temporal encaja con su forma de operar. La programación semanal completa, basada en colectivos rotativos, llegará en octubre, y un libro por los 15 años se publicará el próximo año. Por ahora, una de las salas techno más añoradas de Berlín pasa siete meses como sede satélite de un club parisino.



