Dos demandas, dos demandantes que nunca se conocieron, una sola acusación: Spotify operaría un sistema de dos velocidades, donde la detección de fraude se vuelve agresiva con los catálogos pequeños y mira hacia otro lado con las superestrellas.
El 28 de julio de 2026, el rapero RBX (Eric Collins) volvió a presentar, ampliada, su demanda colectiva contra Spotify en un tribunal federal de California, meses después de que la jueza Josephine Staton desestimara su demanda original en junio por no probar que Spotify tuviera un deber de cuidado hacia él. El nuevo escrito va más allá: sostiene que Spotify «no aplica sus políticas antifraude de manera equitativa» y «solo las hace cumplir de forma selectiva, cuando le conviene», y pone cifra al daño: al menos 600 millones de dólares en regalías desviadas en 48 meses.
¿Qué alega exactamente la demanda de RBX?
Drake ocupa el centro del caso. La demanda renovada señala unas 37 mil millones de sus reproducciones entre enero de 2022 y septiembre de 2025 como el tipo de patrón que, en el catálogo de un productor independiente, activaría una alerta, un bloqueo o un impago, y sostiene que ese patrón jamás fue tocado. La acusación no es que Drake hiciera trampa. Es que la aplicación de las reglas antifraude de Spotify es discrecional, y esa discrecionalidad favorece sistemáticamente al catálogo más rentable para la relación de Spotify con las discográficas grandes.
Spotify «no aplica sus políticas antifraude de manera equitativa» y «solo las hace cumplir de forma selectiva, cuando le conviene».
¿Cómo encaja el caso Kratter en el mismo patrón?
Una segunda demanda, sin relación directa, describe el mismo mecanismo desde el otro extremo. Mark Kratter, músico y abogado de Connecticut, demandó a Spotify en un tribunal federal de Stamford el 3 de junio de 2026, acusando a la plataforma de usar «reglas opacas y criterios de filtrado no revelados que perjudican de forma desproporcionada a los artistas independientes» mientras los catálogos de las grandes discográficas pasan sin problemas. Kratter afirma que sus propios temas sufrieron una caída marcada y medible en las reproducciones contabilizadas desde marzo de 2026, pese a una audiencia estable, algo que atribuye a un nuevo filtrado de sesiones automáticas, algorítmicas y de «baja interacción» cuyas reglas nunca se publicaron. El 2 de julio, Spotify pidió trasladar el caso a un tribunal federal. Kratter reclama daños, una medida cautelar y una orden judicial que obligue a Spotify a revelar por completo cómo se contabilizan y acreditan en regalías las reproducciones, guardados, agregados a playlists, emisiones de radio y sesiones algorítmicas.
¿Por qué le importa esto a los productores electrónicos independientes?
Ni RBX ni Kratter son artistas de house o techno, pero el mecanismo que describen ambas demandas es exactamente el que ya vive todo sello DIY y todo productor de dormitorio en Spotify. Desde 2024, un tema debe superar las 1.000 reproducciones en 12 meses antes de generar un solo centavo de regalía, una regla que apunta justo al tamaño de catálogo típico de los productores electrónicos independientes: EP modestos en sellos pequeños, un crecimiento lento de audiencia, agregados a playlists algorítmicas que hacen buena parte del trabajo inicial. Si los sistemas antifraude y de filtrado de Spotify realmente aplican más escrutinio cuanto más pequeña es la cuenta, un tema que queda justo debajo de esas 1.000 reproducciones es exactamente el tipo de actividad que termina descontada en silencio, mientras un catálogo del tamaño del de Drake supera cada umbral sin ningún control.
Por qué importa
Si cualquiera de las dos demandas obliga a Spotify a revelar cómo cuenta y señala realmente las reproducciones, los sellos independientes tendrán por fin una primera mirada a reglas que hoy siguen siendo una caja negra que decide sola si un tema genera algo.
Lo que pensamos
La cifra llamativa acapara titulares, pero lo relevante está en otro lado: la misma detección de fraude capaz de dejar en cero el mes de un sello pequeño parece suspenderse para quien mueve las cifras más grandes de la plataforma. Todo productor que haya visto sus reproducciones contabilizadas estancarse justo debajo de las 1.000 tiene motivos para querer que la orden de divulgación que pide Kratter realmente se cumpla.



