¿Por qué limitarse a una sola caja de ritmos en 2026?
Hoy en día cualquier productor tiene acceso a más herramientas rítmicas que nunca: librerías de plugins infinitas, samples sacados de cualquier máquina imaginable, generadores de patrones asistidos por IA. Steven Julien miró todo eso y se quedó con dos aparatos: la Roland TR-808 y la TR-1000. «808 Prince» es lo que pasa cuando un productor que lleva más de una década moviéndose entre house, techno, grime y electro decide que la forma más directa de decir algo nuevo es decir menos.
Para Julien esto no es una estrategia de marketing. Bajo el nombre FunkinEven, construyó su carrera precisamente sobre el legado rítmico que inventó la TR-808: el mismo chip que le dio su kick al house de Chicago, su golpe seco al techno de Detroit, y su rebote al grime y al electro británicos. Construir todo un disco alrededor de ella no tiene nada de nostálgico, es una forma de afirmar que esos géneros nunca se separaron realmente de esa misma caja de ritmos.
¿Qué hay realmente en «808 Prince»?
El álbum suma diez temas en Apron Records, el sello que Julien gestiona él mismo desde hace años. El primer adelanto, «60SS», marcó el tono antes del lanzamiento completo:
«LOST» llegó después como segundo single, llevando el bajo 808 hacia un terreno más de club. El resto del tracklist, AFTERS, TTT, SENSATION y DUCK entre los temas en solitario, suma colaboradores en cuatro cortes: James Massiah pone la voz en T2 y LIME, J. Caesar lo acompaña en LIME, Touch Sensitive aparece en MONKWAN, y Jarren y KIAH cierran el disco en DRIVE. Nada en el álbum se sale del guion de las dos máquinas, y ese es justamente el punto: cada textura, cada caja, cada platillo se puede rastrear hasta la misma fuente.
¿Por qué importa más allá de los amantes del hardware?
La mayoría de productores trata el género como un carril y el hardware como una caja de herramientas de la que echar mano según convenga. Julien hace lo contrario: fija la caja de herramientas y deja que el género circule libremente dentro de ella. Es una respuesta discreta a la idea de que house, techno, grime y electro necesitan vocabularios sonoros separados para convivir en un mismo disco. Para una escena que gasta mucha energía defendiendo las fronteras entre subgéneros, una sola caja de ritmos que las atraviesa todas a la vez es toda una declaración, incluso sin una cita de prensa que la respalde.
Construido enteramente sobre la paleta sonora emblemática de las Roland TR-808 y TR-1000, el disco explora la herencia compartida de la techno, la house, el acid house, el grime y el electro.
Julien celebró el lanzamiento como suele hacerlo Apron Records, en una pista de baile: una fiesta del sello en Radial, al norte de Londres, la misma noche del lanzamiento.



