¿Qué ofrece de verdad el programa Spark de Suno?
El 25 de junio, Suno presentó Spark, una incubadora dirigida a cantantes, compositores y productores independientes mayores de 18 años. Los artistas seleccionados reciben una beca de creación que la empresa cifra entre miles y decenas de miles de dólares, además de un presupuesto de marketing, invitaciones a los campamentos de composición de Suno, un mánager dedicado, acceso gratuito a Premier y promoción editorial. Sobre el papel suena generoso: los artistas conservan sus derechos comerciales y eligen su propio distribuidor. El director musical Paul Sinclair y la responsable de economía creativa Rosie Nguyen lo resumieron en una frase: los artistas emergentes «necesitan algo más que herramientas».
¿En qué consiste la cláusula «Good Vibes Only»?
Escondida en el contrato hay una sección breve titulada «Good Vibes Only». Los participantes se comprometen a «no hacer nunca declaraciones ni manifestaciones, directas o indirectas, orales o escritas, que presenten a Suno, a su personal o a cualquiera de sus productos o servicios bajo una luz negativa». Incumplirla supone una falta grave, motivo de rescisión. Y la mordaza no cae al terminar el programa: obliga a los artistas «durante la vigencia del contrato y con posterioridad». Una cláusula de no competencia de 60 días prohíbe cualquier trabajo remunerado con los generadores rivales, con Udio, ElevenLabs y SOUNDRAW entre los nombres citados, y cada tema o vídeo de Spark necesita el visto bueno por escrito de Suno antes incluso de grabarse. Si te vas antes de tiempo, devuelves el dinero.
Una empresa que se entrenó con los artistas quiere ahora pagar a los artistas por su silencio.
¿Por qué el momento sienta tan mal?
Porque los indies a los que corteja Spark son los mismos que llevan a Suno ante los tribunales. Una demanda colectiva, encabezada por el bufete Hagens Berman, acusa a la plataforma de entrenar sus modelos con grabaciones protegidas, sin licencia ni pago. Universal y Sony siguen litigando; Warner solo se apartó tras pactar y firmar una licencia. Spark llega en una semana de indignación renovada, con SZA condenando el uso de su música para entrenar IA y Doja Cat renegando de la música generada por IA sin matices. Recién reforzada con una ronda de 400 millones de dólares y una valoración de 5.400 millones, Suno tiene dinero para financiar a toda una generación de artistas. La trampa es que el cheque viene con una cláusula que les prohíbe decir jamás qué opinan de él.



