La mayoría de los sintetizadores parten de una señal limpia que luego se esculpe. El Audrey III de Synthux Academy parte de un ruido inestable que hay que aprender a domar. No hay banco de osciladores, no hay wavetable, no hay librería de samples dentro. Subes el feedback por encima de cierto umbral y el circuito empieza a oscilar solo, y la síntesis Karplus-Strong convierte ese bucle inestable en un drone que se puede tocar. Lo apagas una noche, lo vuelves a encender al día siguiente: arranca exactamente con el mismo drone donde lo dejaste.

¿Qué cambia realmente desde el Audrey II?

El primer Audrey del estudio neerlandés, lanzado a finales de 2024, corría con una sola voz de feedback, fascinante pero limitada a una línea de drone a la vez. El Audrey III triplica ese motor con tres voces independientes de síntesis de cuerda por feedback, polifonía real en un instrumento que, técnicamente, no tiene notas de origen. También es el primer Audrey que acepta una señal externa: conectas una fuente estéreo en la entrada de audio y cae directo en el resonador, armonizando con el feedback en lugar de limitarse a reaccionar a su propio ruido. La carcasa recibe el mismo tratamiento, un chasis de aluminio que iguala el aspecto del looper Spotykach de Synthux, con un anillo de LED rojo circular a la izquierda que pulsa al ritmo del sonido.

¿Por qué importa la síntesis por feedback a los productores?

Los sintes sustractivos o FM están construidos para la repetibilidad: tocas la misma nota dos veces y obtienes el mismo resultado. La síntesis por feedback se basa en lo contrario. Un pequeño cambio de ganancia, lo que conectes a la entrada, la presión sobre un pad, todo eso se encadena en texturas que nunca fueron programadas y que casi no se pueden reproducir a propósito. Esa imprevisibilidad es exactamente lo que buscan los productores de deep-tech y experimental cuando una onda de sierra filtrada empieza a sonar demasiado limpia. El Audrey III conserva ese caos pero lo envuelve en una cadena de señal pensada para un club o una mesa modular, no para un escritorio de estudio: filtrado, eco de cinta estéreo, reverb y side-chain con tap tempo llegan después del motor de feedback, todo accesible sin abrir un solo menú. También se puede disparar desde un teclado MIDI o un secuenciador si prefieres el ruido cuadrado a una grilla en vez de un drone libre.

Un instrumento que recompensa la exploración y los accidentes felices, en palabras de Synthux Academy.

¿Qué desbloquea esto en directo?

El diseño sin menús es la clave de cualquier herramienta de directo: cada perilla, el fader y los ocho pads táctiles corresponden a algo que se siente sin necesidad de mirar hacia abajo. Eso importa aún más en un instrumento de feedback que en un sinte normal, porque los sonidos interesantes viven en los estados intermedios, no en los presets, y se encuentran a mano, en tiempo real. A 499 euros, con envío en diciembre, el Audrey III se posiciona para quienes buscan textura antes que melodía: artistas de noise, aficionados a lo modular, y productores de house o techno que quieren una fuente en su rack que nunca suene igual dos veces.