¿Qué dijo realmente SZA?
Empezó, como ya suele pasar, con un teléfono y una captura de pantalla. SZA publicó que 238 de sus canciones aparecían en los datos usados para entrenar generadores de música con IA, Suno y Udio entre ellos, y que nadie le había preguntado. Después fue más allá y llamó repugnantes a los músicos que alimentan esas herramientas. Para una artista que levantó su repertorio con salas llenas de compositores y productores, la cifra es lo importante: no es una maqueta filtrada, es una obra entera.
¿Por qué meter a Diplo en esto?
Porque nombró a alguien que el mundo de la dance conoce. SZA escribió que Diplo tiene participación en Suno y que intenta activamente entrenarlo con, en sus palabras, las mejores mentes negras entre compositores y productores. Diplo respondió enseguida. Jura que no es en absoluto inversor, que hay cien apps que hacen lo mismo que Suno, y que el culpable no es la tecnología, la tecnología es solo tecnología. Ya ha puesto dinero en la IA, en una startup de investigación llamada Aaru a principios de este año, pero insiste en que es otra empresa, no Suno.
¿Por qué importa para el underground?
La pelea por el entrenamiento con IA se ha librado sobre todo en el idioma de los pleitos y los memorandos de las discográficas. SZA la devolvió al suelo del estudio, a los compositores y productores cuyas pistas son la materia prima que estos modelos engullen. Ahí es justo donde viven la house y sus vecinas: músicos de sesión, productores fantasma, los que tienen el nombre en la letra pequeña. Son quienes menos peso tienen y más pueden perder, y casi nada del dinero de las licencias que hoy circula entre plataformas y grandes sellos llegará nunca hasta ellos.
Los sellos negocian. Los abogados facturan. Los productores ven cómo su propio sonido les vuelve convertido en una suscripción.



