¿Qué dice realmente la encuesta?

Un estudio a 2.000 clubbers, encargado por Ray-Ban Meta, da con la contradicción sobre la que la escena lleva años discutiendo. La mitad de los encuestados dice que el móvil arruina la pista. Luego, el 55 % de esas mismas personas reconoce que igual saca uno cuando baila. De quienes lo usan, el 60 % se graba con sus amigos y el 34 % publica o escribe en el momento. Pregúntales qué hace especial una noche y responden la música, bailar con los amigos, perderse en la sala. Casi nadie nombra el carrete.

¿Por qué los clubes te quitan la decisión?

Porque pedirlo por las buenas dejó de funcionar. Fabric y FOLD en Londres montan salas sin móvil. El nuevo Sankeys reabrió en Manchester en enero sin un solo teléfono en la pista, y su director creativo, David Vincent, tachó de sin alma la escena del todo grabado y apenas notó rechazo del público. En Ibiza, Pikes ha extendido su norma anti-móvil a toda la semana. El argumento no es contra la tecnología, es a favor de la presencia. Nick Sheehy, que programa noches en Pikes, lo dice sin rodeos: las mejores noches no se graban, se sienten.

«La energía era mucho mejor sin móviles. Parecía una rave de las de antes.» - Sam Divine

¿Una prohibición cambia de verdad la sala?

Los responsables dicen que sí, y no poco. Una pegatina sobre la cámara en la puerta basta para que una sala pase de un muro de pantallas levantadas a un muro de caras, y en cuanto nadie graba, nadie se siente grabado. Paul Crane, de Kinky Malinki, llega a decir que desconectarse es esencial para salvar el clubbing. Hay un matiz que conviene guardar: Tony Truman, de O Beach, cree que últimamente casi nadie levanta el móvil de todos modos, señal de que la cultura quizá se esté corrigiendo sola. En cualquier caso, los locales que graban la norma a fuego no esperan a comprobarlo.