West Coast y East Coast, las dos grandes escuelas de síntesis, llevan cincuenta años discutiendo. La escuela East Coast, heredera de Moog, construye el sonido por sustracción: un oscilador, un filtro paso bajo, un teclado que marca las notas. La escuela West Coast, heredera de Buchla, construye el sonido plegando y deformando una onda hasta obtener armónicos que ningún filtro clásico lograría, todo parcheado a mano, muchas veces sin teclado alguno. La mayoría de los sintetizadores eligen bando. Vannes Devices acaba de entregar una caja de sobremesa que se niega a elegir.

Obsidian, el nuevo sintetizador analógico semi-modular presentado por la marca, hace pasar una sección de osciladores de estilo West Coast (waveshaping, wavefolding, modulación cruzada) por una etapa de filtrado que se comporta como una etapa sustractiva East Coast, salvo que no salta entre paso bajo, paso alto y paso banda: transita continuamente entre esos modos bajo control de CV, de modo que el filtro se convierte en una fuente de modulación en sí mismo, no en una simple puerta fija por la que pasa la señal. Ese es el argumento real aquí: no una hoja de especificaciones, sino un debate de síntesis resuelto dentro de un solo chasis.

¿Quién está realmente detrás de esto?

Vannes Devices es la empresa de Koen Pepping, y Obsidian tiene algo personal: es el primer instrumento que construye por completo él mismo desde que fundó Vannes Engineering en 2017. Antes de eso cofundó y copresidió Majella Audio, así que no estamos ante un recién llegado que sigue una moda, sino ante el debut en solitario de un diseñador veterano, tras casi una década dirigiendo discretamente su propia firma. Synthtopia destapó el adelanto el 5 de agosto, y desde entonces ha circulado por MatrixSynth, Synth Anatomy y Gearspace, el circuito habitual para que un diseño tan específico llegue a quienes realmente sabrán valorarlo.

¿Qué más hace el instrumento?

Además de osciladores y filtro, Obsidian integra generadores de envolvente, un LFO y un delay tipo cinta en el mismo formato de sobremesa, con una interfaz orientada al parcheo y a la interpretación en vivo, pensada para el control manual antes que para navegar menús. El secuenciador es la otra seña de identidad West Coast: no es una cuadrícula genérica de 8 o 16 pasos, sino un patrón seleccionable de 4 o 5 pasos, con reinicio externo y manual, ese tipo de estructura de longitud impar y propensa al desajuste rítmico que favorece la corriente heredera de Buchla frente a los loops encorsetados en compases rígidos de la escuela East Coast.

Vannes describe Obsidian como «un sintetizador analógico semi-modular único, con un sonido característico propio», y esa fusión de filosofías es precisamente el punto central, no un detalle secundario.

Vannes señala que el instrumento se acerca a su forma de prototipo final, aunque el precio y la ventana de lanzamiento siguen sin anunciarse. Para una empresa que presenta aquí su primer instrumento completamente propio, esa cautela tiene sentido: un diseño que se termina bien en lugar de precipitarse hacia una fecha de salida.

¿Por qué sigue importando la división East/West?

Porque determina cómo invita a tocarse un sintetizador, no solo cómo suena. Una máquina East Coast invita a sentarse al teclado y tocar partes; una máquina West Coast invita a parchearla en un sistema semi-caótico y dejarse llevar por el resultado. Que Obsidian intente sostener ambas cosas a la vez, en una sola unidad de sobremesa, es una apuesta de diseño genuina, y es exactamente el tipo de instrumento que termina en la mesa de productores tan fascinados por la arquitectura de síntesis como por el sonido que sale de ella.