El productor británico Martin Wheeler, que grababa como Vector Lovers, ha muerto. La noticia la dio The Black Dog, el dúo electrónico de Sheffield, en un breve mensaje publicado en Instagram el 21 de septiembre: «Very sad to hear that Martin (Vector Lovers) has passed away, he was a lovely bloke». No se ha revelado la causa del fallecimiento.
Soma Records, el sello glasgowiense que acogió la mayor parte de su discografía, añadió su propia despedida: «Martin was a lovely person and a very talented producer». Un homenaje sobrio que se queda corto respecto a lo que Wheeler construyó realmente. Nunca fue un nombre de cabecera fuera de los círculos del IDM y la electro, pero dentro de ellos era un referente, un productor al que otros productores prestaban atención.
¿De dónde viene el sonido de Vector Lovers?
Wheeler, nacido en Reading, empezó a publicar como Vector Lovers a principios de los 2000 en su propio sello, Iwari, con un debut homónimo en 2004 y Capsule For One al año siguiente. Aquellos discos se apoyaban en sintetizadores y cajas de ritmos analógicos, con una deuda clara con Kraftwerk y Depeche Mode: electro melódica, algo melancólica, más cercana al IDM que a la pista de baile pura. Ese recorrido le valió fichar por Soma, el sello que Slam cofundó en Glasgow a principios de los 90, donde publicó tres álbumes más: Afterglow en 2007, un segundo disco homónimo en 2008, e iPhonica en 2013, además de un flujo constante de EPs y sencillos.
«Martin was a lovely person and a very talented producer»., Soma Records
¿Qué más dejó?
Fuera del nombre Vector Lovers, Wheeler también grabó como Rosenbaum y como Badly Born Droid, y en 2007 salió de su propio catálogo para coproducir Out of the Woods, el álbum en solitario de Tracey Thorn, su primer disco tras la pausa de Everything But The Girl. Capsule For One tuvo una segunda vida en 2022 cuando Lapsus Records lo reeditó con nuevos remixes y dos temas inéditos, señal de que el disco seguía teniendo público dos décadas después.
¿Por qué importa?
Vector Lovers nunca persiguió el circuito de festivales ni las grandes salas. Lo suyo era el tipo de disco que circula entre productores más que el que suena a las tres de la madrugada, y ese es exactamente el nivel de la escena que mantiene vivo el IDM y la electro entre una ola de interés y la siguiente. Perder a uno de sus nombres activos, de forma discreta y sin previo aviso, es el tipo de pérdida que una escena arrastra durante mucho tiempo.



