Los clubbers sordos siempre han encontrado maneras de sentir un set: pegados a una torre de altavoces, la palma sobre un subwoofer, un globo inflado contra el pecho para captar la línea de bajo. El 5 de septiembre, ÆDEN en el Kreuzberg de Berlín le dio a ese instinto un soporte tecnológico real.
¿Qué pasó realmente en ÆDEN?
SAME FLOOR se desarrolló de 22:00 a 4:00 en el jardín al aire libre y las dos pistas interiores del club, situado en Schleusenufer 3, un espacio de 350 personas construido sobre la Lohmühleninsel, entre el Spree y el canal Landwehr. DJ Andi, DJ Artin, Randali y Vero pincharon techno y house, con un directo de Ohnmacht. Pero el cartel no era la noticia. Repartidos entre el público, clubbers sordos o con discapacidad auditiva llevaban chalecos inalámbricos con 24 puntos de vibración, sintiendo el set en tiempo real sobre la piel mientras los clubbers oyentes bailaban justo al lado, en la misma pista.
¿Qué es Music: Not Impossible y cómo funciona realmente el chaleco?
Music: Not Impossible diseña prendas vibrotáctiles, un chaleco combinado con muñequeras y tobilleras, que reparten una mezcla en directo por distintas zonas del cuerpo. Un bombo llega a los tobillos, una caja a las muñecas, una voz que sube se siente en los hombros. La empresa presta sus chalecos en el Lincoln Center y en el SXSW en Estados Unidos desde principios de la década de 2020, siempre como material cedido, nunca como producto a la venta. La noche en ÆDEN fue su primera salida en suelo alemán, y la primera dentro de un club en lugar de una sala de conciertos o un escenario de festival.
«La inclusión es algo personal», ha dicho Paula Hilton, la DJ y productora berlinesa detrás de SAME FLOOR.
¿Por qué importa tanto el cartel FLINTA* como la tecnología?
Paula Hilton es hija de padres sordos, y construyó SAME FLOOR alrededor de esa historia personal, no alrededor del equipo técnico. El cartel es FLINTA* (mujeres, lesbianas, personas intersexuales, no binarias, trans y agénero) por decisión propia, no como un hueco simbólico metido en un cartel convencional. Los organizadores presentan la noche como el piloto de un formato pensado para continuar, no como un gesto benéfico puntual, aunque todavía no se ha confirmado una segunda fecha.
¿Por qué importa?
Los debates sobre inclusión en el clubbing suelen quedarse en la política de puerta: quién pasa al portero, qué espacio seguro existe una vez dentro. SAME FLOOR lleva la pregunta más lejos, a si la propia música llega a todo el mundo en la pista. Un club de 350 personas en Kreuzberg acaba de demostrar que la tecnología funciona en un entorno de club real, no solo en una demo de laboratorio o una activación de festival.
Qué opinamos
Esto es lo que debería significar underground: ampliar quién puede sentir la pista, no solo filtrar quién es lo bastante cool para pasar la puerta. Una noche piloto en un club de 350 personas no va a resolver por sí sola el problema de accesibilidad del techno, pero es un modelo que funciona. La verdadera prueba será ver si una sala a la escala de un Berghain, y no solo un jardín al aire libre, lo adopta después.



