Los cócteles y los combinados suelen ser la única línea del balance de un club donde queda margen real. La taquilla cubre a los artistas y la sala. La cerveza apenas se paga a sí misma. Los licores son donde un local realmente gana algo. El gabinete federal alemán acaba de votar para gravar esa línea un 20 % más.
La decisión, aprobada el 6 de julio de 2026, eleva el impuesto sobre el alcohol puro de 13,03 a 15,64 euros por litro a partir del 1 de enero de 2027. Afecta a vodka, ron, ginebra, whisky, aguardiente de grano, vino espumoso, Sekt, vinos licorosos y alcopops. La cerveza y el vino quedan al margen, lo que dice bastante sobre a quién estaba pensada para proteger esta medida y a quién no.
¿Por qué presentar una subida de impuestos como salud pública?
El ministro de Finanzas Lars Klingbeil no vende esto solo como un parche presupuestario, aunque el Tesoro espera entre 400 y 455 millones de euros al año. Lo llama política de salud: el gobierno calcula que la subida podría evitar cerca de 1.000 casos de cáncer relacionados con el alcohol al año a largo plazo. Es un argumento más difícil de combatir en público que una simple recaudación, y llega mientras la industria alemana de licores cuestiona abiertamente las propias cifras del Tesoro, alegando que unos precios más altos empujan a los consumidores hacia alternativas sin gravar en lugar de generar los ingresos que espera el ministerio.
¿Qué significa esto realmente para la barra de un club?
El Clubcommission Berlin, el organismo del sector de la vida nocturna de la ciudad, lo dijo sin rodeos en un boletín el mismo día de la votación: «Muchos locales dependen de la venta de bebidas y apenas pueden trasladar los costes al alza. Si suben los precios, afecta a un público cada vez menos capaz de permitirse salir en un momento de coste de vida elevado.» Esa es la trampa. Un club puede absorber el sobrecoste y recortar aún más un margen ya de por sí estrecho, o trasladarlo a la entrada y a la barra, directamente sobre un público que la propia escena clubber alemana lleva años viendo reducirse por los precios de entradas y consumiciones.
Esto no ocurre en el vacío. Se suma a facturas de energía que se dispararon, alquileres que no han dejado de subir y costes de personal que nunca bajaron, las mismas presiones detrás del Clubsterben berlinés, esa lenta hemorragia de cierres que la escena lleva años denunciando. Un impuesto del 20 % sobre la única categoría de producto que aún deja un margen real no mata a un club por sí solo. Es una línea más en un presupuesto que ya estaba ajustado antes de esta votación.
¿Quién paga realmente esto al final?
Los pronósticos del gobierno y el sector de licores no coinciden en de dónde saldrán los 400 a 455 millones de euros. El ministerio de Finanzas apuesta a que los consumidores absorberán el precio más alto. Las dudas del propio sector sobre esa cuenta importan: si el consumo se desplaza hacia alternativas más baratas y sin gravar, el hueco de recaudación no se cierra, simplemente se traslada a los locales que intentaron mantener sus precios el tiempo suficiente para conservar a su público.



