¿Qué hay realmente en el cartel?

La edición Fall 2026 de CRSSD Festival llega a Waterfront Park, San Diego, el 26 y 27 de septiembre, un fin de semana solo para mayores de 21 años repartido en tres escenarios: Ocean View, City Steps y The Palms. En lo más alto del cartel hay un set conjunto de Chris Lake b2b Disclosure, junto a la revelación house brasileña Mochakk, Boys Noize y un set DJ de Groove Armada.

Más abajo en el cartel, el tono cambia por completo. Helena Hauff, la DJ de Hamburgo que lleva una década rechazando el tipo de bookings comerciales que suele implicar un cartel así, toca el mismo fin de semana que Ben UFO, de Hessle Audio; la revelación techno polaca VTSS; el productor francés de hard techno I Hate Models; y el selector escocés Kas:st. También vuelve CRSSD Lab, el rincón del festival dedicado al vinilo y al descubrimiento de artistas.

¿Por qué programar a Disclosure y a Helena Hauff el mismo fin de semana?

Porque no compiten por el mismo público, y esa es precisamente la idea. Disclosure llena arenas gracias a sencillos house pop nominados al Grammy; Chris Lake es uno de los nombres tech house más seguros del circuito de festivales estadounidense, el tipo de artista que vende un pase de tres días por sí solo. Helena Hauff ha construido toda su carrera en la apuesta contraria: solo hardware, sin sync, y una negativa constante a perseguir el éxito comercial. La reputación de Ben UFO se basa en esa misma negativa a complacer a la multitud, décadas de sets largos construidos sobre el eclecticismo y no sobre el tema fácil.

Juntarlos en un mismo cartel es la cuenta estándar detrás de todos los grandes festivales electrónicos estadounidenses hoy: una cabeza de cartel de cruce comercial vende suficientes entradas como para financiar un hueco a artistas que jamás llenarían un escenario de ese tamaño solo con su tirón comercial.

¿Qué dice esto sobre el rumbo de CRSSD?

Durante una década, CRSSD se ha posicionado como el festival de la costa oeste que se toma en serio la curación: el espacio de vinilo, los nombres de los escenarios, la profundidad del cartel bajo las cabezas de cartel. Esta programación cumple esa promesa mientras apuesta más fuerte de lo habitual por nombres de cruce comercial en lo más alto. Es una apuesta: que el público de San Diego venga por Disclosure y se quede por I Hate Models, y no al revés.

Este contraste dice menos sobre una CRSSD que pierde su identidad que sobre cómo cualquier festival mediano estadounidense paga hoy sus facturas underground.