¿Por qué los DJ dejaron de dejar sonar un tema?

Porque el set dejó de ser algo que se escucha y pasó a ser algo que se mira. El disco de siete minutos de un residente de Ostgut Ton era antes una invitación a desaparecer; esos mismos siete minutos hoy parecen un vacío en un feed. La economía del clip tiene una preferencia clara: una transición pulida, cortada a quince segundos y subtitulada, viaja; un tema que se deja respirar, no. Así que el incentivo va en una sola dirección, hacia hacer algo visible cada pocos compases, y la confianza silenciosa de dejar correr un disco parece, en un teléfono, un DJ que no hace nada.

Ese es el verdadero giro que señaló un clip reciente de Len Faki: en una era de mirar constantemente en vez de escuchar, ¿hemos olvidado la fuerza de simplemente dejar sonar un tema? La pregunta pega porque la respuesta es, a la vista, que sí.

¿Una mezcla recargada es de verdad mejor DJing?

No automáticamente, y conviene aclarar la confusión. La mezcla depende del género. Un DJ de hip-hop cortando y haciendo malabares a toda velocidad hace algo genuinamente difícil, y las transiciones rápidas y teatrales son el oficio en esa sala. Pero el house y el techno funcionan con otra física: repetición, paciencia, hipnosis, la acumulación lenta que hace que una pista se enganche. En ese contexto, mezclar sin parar, un empalme nuevo cada dieciséis compases, un filtro barrido sobre todo, un loop solo para tener las manos ocupadas, suele jugar contra la música en vez de con ella.

El DJ más ocupado de la sala suele ser el más nervioso.

Los stems y el sync vuelven ese trajín sin esfuerzo: siempre puedes estar retocando, picando, superponiendo, porque el software sostiene el beat por ti. Por eso justamente la contención se volvió la señal. Cualquiera puede hacer más. Saber que un disco ya funciona, y tener el temple de dejarlo, es lo que el software no puede hacer por ti.

¿Qué se pierde cuando no se deja respirar nada?

El trance. Un tema como Kraft und Licht de Len Faki, construido con grabaciones que Emika hizo dentro del propio Berghain, sus rampas de luz, sus cámaras frías, no está pensado para ser un instante de quince segundos. Está pensado para desplegarse, para llevar una sala a algún sitio a lo largo de minutos, y solo funciona si lo dejas. Córtalo antes por un clip más limpio y cambias todo el sentido del disco por un momento de lucimiento tuyo.

Esa es la elección debajo de todo esto. Puedes tocar para la pista que tienes delante o para el feed que verá el clip mañana, y las dos quieren cosas opuestas. La pista quiere que la lleven a algún sitio. El feed quiere un gesto. Dejar sonar un tema es apostar a que la sala importa más que el repost, y esa apuesta cuesta cada vez más. Y sigue siendo, aun así, todo el oficio.