Dos bandos, un solo clip
Aparece un clip grabado en cabina: una cabeza de cartel que desenvuelve algo para comer entre mezclas, o un portátil apartado que transmite el Mundial, un ojo que se va hacia el marcador. En una hora, los comentarios se han partido en dos bandos que no van a ponerse de acuerdo jamás, y cada uno cree que el otro no ve lo evidente. El clip es el mismo. Lo que la gente ve en él, no.
Los argumentos de la defensa
Empecemos por lo más simple: un DJ es una persona, y un set dura dos o tres horas. Un trago, un bocado, una ojeada no es un crimen, es una pausa. El fútbol lo vuelve más agudo. Una cabeza de cartel del calibre de Keinemusik que toca la misma semana que un Mundial que solo vuelve cada cuatro años está mirando el mismo partido que las sesenta mil personas del estadio de al lado, y para buena parte del planeta el fútbol está en algún lugar cercano a la religión. A Sven Väth lo fotografiaron siguiendo un partido en el móvil en pleno set hace más de diez años, y los sets de entonces siguen siendo de los que se habla. Esa noche, en la sala, la pista siguió llena, las transiciones encajaron, nadie pidió que le devolvieran el dinero. El set fue excelente y el público lo adoró. La defensa se apoya en una constatación simple: nada se rompió de verdad.
Los argumentos de la acusación
Ahora el otro bando, y no es débil. La presencia es el producto. Cuando una sala paga precio de festival y la primera fila levanta cien móviles, una cabeza de cartel con cara de aburrimiento entrega la mitad de lo que se vendió. Hay una versión más afilada. Parte de esto no es distracción, es performance: comer en el escenario, el aspaviento teatral inclinado sobre los CDJ, la cámara girada hacia el público, un espectáculo que suma a la imagen y resta en silencio al flujo de la música. Si puedes hacer scroll durante tu propio set sin que la mezcla lo note, pregunta la acusación, cuánto de ti estuvo alguna vez ahí, y cuánto del oficio fue siempre el show.
Para un bando, la prueba de que la costumbre es vieja e inofensiva. Para el otro, la prueba de que desconectado es desconectado.
Qué cambió en realidad
Aquí los dos bandos coinciden en los hechos y se dividen en la lectura. Nada de este comportamiento es nuevo; lo que cambió es que ahora cada segundo de cada set se filma desde la pista, así que un trago o un bostezo que siempre estuvieron ahí ahora se recortan, se subtitulan y se juzgan. El sync libera las manos, lo que hace que un DJ quieto parezca un fraude aunque la selección, la construcción y el EQ, las partes que nunca se tocan solas, estén funcionando. La defensa lo llama contexto. La acusación lo llama excusa. El mismo clip, dos veredictos.
Te toca decidir
Las dos cosas pueden ser ciertas a la vez: el set fue excelente, y parecía desconectado. La escena lleva décadas discutiendo si el oficio es el sonido o el show, y un clip de diez segundos de un hombre comiendo no lo va a zanjar. Dónde te sitúas dice más sobre lo que crees que una cabeza de cartel le debe a una sala que sobre el sándwich. Así que vuelve a mirar el clip, y elige tu bando.



