¿Qué está haciendo realmente Funktion-One?

Funktion-One, la marca británica cuyos sistemas de bocina son un sello de fidelidad en las salas underground, se ha comprometido con el audio espacial por objetos a través de la plataforma Holophonix. En lugar de una imagen estéreo izquierda-derecha fija, los ingenieros y los artistas pueden ubicar y mover cada sonido por la sala, en 2D y en 3D. Lo clave: Funktion-One subraya que el sistema no depende de la geometría, así que funciona en cualquier forma de recinto sin rediseñarlo entero, opera sobre entradas y salidas Dante y se apoya en algoritmos de renderizado salidos de investigaciones ligadas al IRCAM.

¿Por qué importa esto para la pista?

Porque el audio espacial tiene un problema de credibilidad en la música electrónica. Casi todo lo que se vende como inmersivo es marketing de festival que hace sonar el sistema más delgado, no mejor. Funktion-One se juega su nombre en la afirmación contraria: que se puede mover el sonido por una sala sin sacrificar el peso de los graves y la claridad sobre los que se construye la marca. La prueba sobre el terreno es el Neushoorn de Leeuwarden, una sala de 750 personas que califica como la primera instalación de audio espacial inmersivo en una sala de músicas actuales neerlandesa, realizada con el integrador More AV sobre un sistema Funktion-One montado ya en 2015.

El audio espacial era fácil de despreciar. Lo que cambia aquí es la firma.

¿Es el sonido espacial solo un truco?

Esa es la pregunta abierta, y Funktion-One no es parte neutral. La empresa plantea todo el proyecto como «la calidad primero» y rechaza los efectos inmersivos que cambian la integridad del sonido por la novedad, justo lo que su público quiere oír. También mira a su propio pasado, al Experimental Sound Field que montó en Glastonbury en 1992, alegando que persigue esta idea desde hace tres décadas. La verdadera prueba es si los clubs, y no solo las salas con butacas, acaban adoptándolo.