¿Qué se presentó exactamente y dónde?
El 5 de junio de 2026, la abogada Inès Davau presentó una denuncia penal en el Tribunal Judicial de París en nombre de una denunciante anónima, acusando a Shlømo (nombre real Shaun Baron-Carvais) de violación, violencia psicológica y amenazas de muerte. El colectivo de apoyo a las víctimas METOODJS anunció la presentación. Hay que decir una cosa con claridad: una denuncia es lo que activa la decisión de la fiscalía sobre si abrir o no una investigación. No es una imputación, un procesamiento ni un veredicto, y ningún tribunal se ha pronunciado sobre nada. Shlømo ha negado las acusaciones desde el principio, las descarta como falsas y ha escrito que sabe lo que ha hecho y lo que no, y que quiere que el proceso judicial saque a la luz la verdad.
¿Cómo llegó la escena hasta aquí?
Esto no empezó en un tribunal. En febrero de 2026, una cuenta de Instagram, bradnolimit, que decía ser una antigua persona cercana a STEƎR Management, comenzó a publicar capturas de pantalla y testimonios que la escena pronto apodó los "techno files." Las publicaciones señalaban a varios de los nombres más grandes de gira de la hard techno: Shlømo, Odymel, CARV, Basswell y Fantasm. Las consecuencias fueron rápidas. Verknipt, World Club Dome, Sea You, HIVE, Pitch Music & Arts y otros retiraron a los artistas señalados de sus carteles, y STEƎR dijo que revisaría las acusaciones antes de anunciar que dejaba de trabajar con ellos. Las respuestas variaron: CARV admitió haber enviado mensajes e imágenes explícitas a varias mujeres y haber sido infiel a su pareja, negando cualquier delito; Odymel alegó un trastorno del sueño poco común en relación con un incidente denunciado y dijo que cooperaría.
¿Por qué importa tanto una sola denuncia?
Porque durante cuatro meses todo esto vivió en Instagram y en comunicados de promotores cuidadosamente redactados, la mayoría diciendo que no estaban "en posición de juzgar." Una denuncia penal es la primera vez que las acusaciones entran en un proceso capaz de exigir pruebas y acarrear consecuencias reales. Y la magnitud que describe METOODJS es la parte que la escena no puede ignorar: el colectivo asegura que casi 100 personas de varios países lo han contactado, con relatos que abarcan clubes, festivales, colectivos, agencias y sellos. Esa no es la forma de una disputa aislada.
Durante meses la escena dijo que no podía juzgar. Un tribunal sí puede.



