¿Quién empezó a componer con cinta en vez de con instrumentos?

Pierre Schaeffer es ingeniero, no músico, empleado de la radio pública francesa, la Radiodiffusion Française (RTF), cuando decide que una grabación puede ser en sí misma la materia prima de una composición. En 1948 lleva un micrófono y un torno de grabación a la estación de Batignolles, en París, y graba los trenes. Esa grabación se convierte en Étude aux chemins de fer, la primera de sus Cinq études de bruits, hechas con trenes, pianos, cacerolas y barcos. Ningún instrumento suena en directo: el sonido se graba primero y después se corta, se repite en bucle y se superpone. La RTF emite estos estudios el 5 de octubre de 1948 como Concert de bruits, y Schaeffer bautiza su método como música concreta, porque parte de un objeto sonoro ya grabado, concreto, en vez de una partitura en blanco.

¿Cómo formó un solo estudio de radio a toda una generación de músicos electrónicos franceses?

Schaeffer necesita un oído de compositor, y lo encuentra en Pierre Henry en 1949; juntos construyen la Symphonie pour un homme seul con tocadiscos, filtros y una mesa de mezclas, estrenada en París el 18 de marzo de 1950. En 1951, con el ingeniero Jacques Poullin, Pierre Schaeffer y Henry fundan el Groupe de Recherche de Musique Concrète (GRMC) dentro de la RTF, el primer estudio de este tipo en el mundo; los desacuerdos empujan a Henry a dimitir en 1958, y la estructura se reconstruye como el Groupe de Recherches Musicales (GRM), que incorpora a compositores como Luc Ferrari, Iannis Xenakis y Bernard Parmegiani. Ese estudio se convierte en semillero: Jean-Michel Jarre se forma allí con Schaeffer entre 1969 y 1971, antes de aplicar el mismo instinto, grabar, cortar, repetir en bucle, en casa, construyendo su álbum Oxygène (1976) en un estudio casero y vendiendo unos 18 millones de copias, la primera vez que la idea del estudio como instrumento llega al gran público.

The Vinyl Factory llamó a Schaeffer «el padrino del sampling» ya en 2016, señalando que cortaba grabaciones casi cincuenta años antes de que Endtroducing, de DJ Shadow, fuera celebrado como el primer álbum construido enteramente con samples.

¿Cómo pasó Francia de los laboratorios radiofónicos de vanguardia a una exportación dance mundial?

En los años noventa, esa filiación se divide en dos escenas francesas con peso comercial real. En Mánchester, un joven Laurent Garnier descubre la Haçienda en 1987 y pincha allí mientras el house de Chicago y el techno de Detroit llegan a Inglaterra; de vuelta en París a principios de los noventa, dirige las fiestas Wake Up en el Rex Club y funda, junto a Eric Morand, el sello F Communications, un trabajo que lo convierte en una figura fundadora de la techno francesa. Al mismo tiempo, una escena house parisina construye un sonido propio a base de bucles disco filtrados: Motorbass, el proyecto de Étienne de Crécy, publica el influyente álbum Pansoul en 1996, y Daft Punk, formado en París en 1993 por Thomas Bangalter y Guy-Manuel de Homem-Christo, lleva el mismo instinto a su debut Homework, en 1997. La escena ya tenía nombre: «French Touch», acuñado en 1987 por el fotógrafo Jean-Claude Lagrèze para las fiestas que organizaba en Le Palace, popularizado en 1996 cuando el periodista Martin James lo usó en Melody Maker para reseñar el álbum de de Crécy, y ampliamente adoptado por la prensa británica en 1998. El sencillo de Stardust, Music Sounds Better With You (1998), lo llevó después a las listas de todo el mundo.

¿Por qué importa hoy esta historia de 70 años para el house y el techno?

Porque es una sola cadena continua, no tres anécdotas sueltas: la radio pública financia un experimento con cinta en 1948, ese experimento forma al compositor que construye un álbum pop de estudio casero en 1976, y en los años noventa el mismo país exporta a la vez un modelo de escena techno y un sonido house que arrasa en las listas, construidos sobre el mismo instinto, grabar, cortar, repetir en bucle, y llamar a eso música. La historia electrónica francesa no es una nota a pie de página frente a Chicago y Detroit; avanza en paralelo, completamente documentada, desde un andén de estación hasta un dúo que llena estadios con cascos de robot.