La Guardia Civil de Ibiza detuvo a un hombre de 52 años en la noche del 18 de agosto después de que presuntamente intentara hacer pasar pulseras falsas del DC-10 como auténticas, a 350 euros la unidad.
Los agentes acudieron primero por un aviso de disputa entre varias personas en Sant Josep de sa Talaia. Al interrogar al grupo dieron con la historia real: un comprador, receloso de las pulseras que le ofrecían, había contactado con un responsable de mantenimiento del DC-10 para compararlas con las originales. La respuesta confirmó lo que el comprador ya sospechaba, las pulseras ofrecidas no correspondían con las del club.
Esa pista llevó a la Guardia Civil a registrar al sospechoso y su vehículo. Encontraron tres pulseras encima de él y otras 44 escondidas en el coche, 47 falsificaciones en total. El hombre fue detenido como presunto autor de un delito de estafa y quedó a disposición de la autoridad judicial, que decidirá sobre las posibles responsabilidades penales.
¿Por qué el DC-10 en concreto?
El DC-10 no es un club cualquiera. Es la institución de terraza y jardín que alberga la Circoloco, la fiesta de los lunes que convirtió un espacio junto al aeropuerto en una de las puertas más disputadas de la house y la techno. Las entradas y pulseras de acceso a las citas grandes del DC-10 se agotan rápido y se revenden caras en la calle, justo el tipo de demanda que hace rentable falsificar para un estafador, y que empuja a un comprador con prisa a pagar 350 euros sin comprobar antes.
¿Cómo detectar una pulsera falsa antes de pagar?
Todo el caso se resolvió por un detalle: un comprador que se tomó el tiempo de verificar con el club en lugar de pagar en efectivo allí mismo. El personal del DC-10 pudo comparar a simple vista las pulseras ofrecidas con las auténticas, lo que sugiere que las falsificaciones no eran tan convincentes cuando las examinaba alguien que maneja el original a diario. La lección vale para cualquier club con alta demanda de reventa: las pulseras y entradas oficiales se compran por los canales propios del local o revendedores verificados, nunca a un desconocido en la calle que da un precio sin ninguna forma de comprobarlo antes.
Fue la desconfianza de un comprador, no una redada, lo que hizo caer el chanchullo, según la información de Diario de Ibiza y OKDiario.
¿Qué pasa ahora?
El sospechoso se enfrenta ahora a una investigación por estafa ante la autoridad judicial. La justicia española trata la falsificación organizada de entradas y pulseras como delito de estafa, y la escala del caso, 47 pulseras y no un puñado, apunta a algo más organizado que un timo callejero puntual.



