Juan Atkins fue hallado inconsciente en su habitación de hotel en Ciudad de México el 1 de noviembre, horas antes de su presentación programada en el YuYu Cine Club. Fue trasladado al hospital, donde lo declararon muerto. Tenía 64 años. Su agencia, Greensmith Artists, confirmó la noticia; al momento de escribir esto, no se ha dado a conocer ninguna causa.
Esa secuencia escueta de hechos no le hace justicia a quien estaba en esa habitación. Juan Atkins no es simplemente otro nombre en la larga lista de pérdidas del techno. Es la razón por la que esa palabra existe. Su tema «Techno Music» (1988) salió en la compilación de Virgin Records que le puso etiqueta a lo que él, Derrick May y Kevin Saunderson venían construyendo en los suburbios al este de Detroit desde la secundaria. Antes de ese disco, lo que hacían no tenía un nombre acordado. Después, las pistas de baile de todo el planeta sí lo tenían.
¿Qué construyó realmente?
Atkins compró su primer sintetizador, un Korg MS-10, a los 15 años. A comienzos de los 80, junto a Richard Davis, formó Cybotron, una fusión de electro a la Kraftwerk con la paranoia futurista del P-Funk, en temas como «Clear» o «Alleys of Your Mind». Cuando ese dúo se separó, Atkins siguió en solitario como Model 500, prensando sus propios discos a través de Metroplex, el sello que fundó en 1985. «No UFOs», lanzado ese año, es el disco que la mayoría de historiadores señala como el verdadero plano del sonido de Detroit: la disciplina de la caja de ritmos, el frío melódico, esa sensación de que la música llegaba de otro lugar. Los Belleville Three no eran una banda, eran tres adolescentes del mismo colegio que tomaron ese plano en direcciones distintas, May hacia lo emocional, Saunderson hacia el pop, y Atkins quedándose más cerca de la máquina.
¿Por qué duele tanto una muerte de gira?
Atkins nunca dejó la carretera. Tocó en el Amsterdam Dance Event el 23 de octubre, compartiendo escenario con la generación de productores de Detroit y Europa que creció escuchando sus discos, apenas una semana antes de morir a miles de kilómetros, en una habitación de hotel, antes de un show. Esa es justo la parte con la que la escena no deja de chocar: su generación fundadora ya pasa de los sesenta años y sigue encadenando vuelos y fechas, y sigue, con demasiada frecuencia, muriendo en la carretera en lugar de en su casa. Ya le pasó a colegas de Frankie Knuckles, vuelve a pasar aquí.
«Techno Music» no solo le puso banda sonora a una escena. Le dio su nombre.
¿Qué pasa ahora con su catálogo y sus sellos?
Metroplex sigue siendo una institución activa de Detroit, y el catálogo de Model 500, desde «No UFOs» hasta décadas de producciones de Atkins, es lo más parecido a un texto fundacional que tiene el techno. Hay que esperar reediciones, homenajes de los miembros sobrevivientes de los Belleville Three y una ola de dedicatorias en festivales en las semanas que vienen. Nada de eso responde la pregunta más difícil que la escena se hace esta noche: qué pierde Detroit cuando desaparece el hombre que le dio nombre a su mayor exportación.



