¿Qué hacía diferente al Paradise Garage de cualquier otro club?
El Paradise Garage no se pensó primero como una discoteca. Era un garaje de camiones en King Street, en SoHo, que Larry Levan y el ingeniero de sonido Richard Long transformaron antes de que abriera sus puertas, en 1977. Long y Levan eligieron los altavoces y construyeron la sala a su medida, no al revés: las paredes corrían sobre raíles de cinco centímetros para vibrar con los graves, el suelo descansaba sobre tarimas de siete centímetros para amortiguar a los bailarines durante sesiones que podían durar doce horas, y Long fabricó un altavoz de graves a medida, el «Levan Horn», pensado exactamente para el oído de Levan. El club siguió siendo solo para socios, una clientela mayoritariamente negra y gay, entrada con carnet, sin licencia de alcohol porque nunca sirvió una copa. Long usó el Garage como banco de pruebas para cada nuevo equipo que fabricaba después, y en 1980 Billboard le concedió su premio al mejor diseño de sonido disco, la industria reconociendo en público lo que los bailarines de King Street ya sabían.
¿Cómo inventó Levan un sonido con solo pinchar discos?
Levan nunca aprendió un instrumento y rara vez hablaba de técnica, pero sus sesiones deslizaban el disco hacia el dub, el gospel hacia el post-punk, y las primeras cajas de ritmos hacia lo que viniera después, montado sobre cintas que él mismo editaba entre canciones. Esa negativa a quedarse dentro de un solo género es lo que habituales e historiadores señalan para explicar por qué «garage» acabó siendo el nombre de todo un género: un sonido forjado en la pista de una sola sala y difundido por los DJs y productores que pasaron por ella. Levan también producía, sobre todo «Don't Make Me Wait» de Peech Boys en 1982, hecho junto al ingeniero Michael de Benedictus, un tema que aún se samplea y remezcla décadas después. Frankie Knuckles, que trabajó junto a Levan en Nueva York antes de instalarse en el Warehouse de Chicago, se llevó parte de esa misma sensibilidad hacia el oeste, una razón por la que garage y house se tratan como géneros hermanos y no como desconocidos.
Los habituales del Paradise Garage tenían un nombre para las sesiones de toda la noche de Levan: la «misa del sábado».
¿Qué le pasó, y por qué el Garage sigue importando?
El club cerró tras una fiesta de despedida de 48 horas en septiembre de 1987, sin un contrato de alquiler que sus dueños pudieran renovar. La salud de Levan ya llevaba años deteriorándose por una fuerte dependencia de la heroína y el PCP, agravada por una cardiopatía congénita; murió el 8 de noviembre de 1992 en el Beth Israel Medical Center de Manhattan, de un fallo cardíaco provocado por una endocarditis. Tenía 38 años. El Dance Music Hall of Fame lo incluyó en 2004. En 2014, Red Bull Music Academy y una petición impulsada por fans presionaron para rebautizar como «Larry Levan Way» la manzana de King Street donde estuvo el club, reuniendo a miles de personas en una fiesta callejera organizada en torno a esa campaña. El edificio no sobrevivió: su demolición comenzó en octubre de 2017 y el solar está hoy vacío. Lo que sí sobrevivió es el método, elegir el sistema antes que la sala, programar sin atender a fronteras de género, sostener una pista pensada para bailar y no para mirar, y por eso dueños de clubes y diseñadores de sonido siguen invocando el nombre de Levan cuando explican lo que están construyendo.



