En Macao, música y política nunca fingieron ser cosas separadas. Durante nueve años, un matadero abandonado en el barrio del Ortomercato, en Milán, acogió una asamblea general el lunes y una pista abarrotada el sábado, dirigidas por la misma gente, bajo la misma bandera: un espacio que ningún propietario podía reclamar, porque nadie se lo había cedido legalmente desde el principio.
Ese espacio cerró en 2021. Ahora tiene su libro. El archivo de Macao, imágenes, carteles, ensayos, declaraciones y notas reunidos por varias generaciones de la propia organización, se convierte en «Archiving the Ungovernable», que sale el 14 de diciembre en italiano e inglés con Nero Editions, según Resident Advisor.
¿Qué pasaba realmente dentro de Macao?
Macao ocupó el antiguo matadero del Ortomercato a partir de 2012, sin permisos, dentro de una ola de ocupaciones de centros sociales italianos que trataban la producción cultural y la acción directa como una sola práctica. El edificio acogió las fiestas Dance Affliction, ya convertidas en cita fija, y el festival Saturnalia, atrayendo a un público que llegaba por el cartel y se quedaba, o aparecía, por las asambleas. En 2017 el colectivo intentó comprar directamente el edificio y conseguir el reconocimiento del espacio como institución cultural, un intento de convertir nueve años de ocupación en algo que el ayuntamiento no pudiera simplemente desconectar. No cuajó. Macao cerró oficialmente en 2021, aunque Resident Advisor informa de que los organizadores siguieron buscando después formas de reabrir el proyecto.
¿Puede un libro sustituir a un edificio?
Nadie que publique un archivo cree que sustituye a lo que documenta, y precisamente por eso importa este libro. Un PDF de carteles viejos no puede montar una fiesta ni acoger una asamblea, pero tampoco se le puede desahuciar, cortarle la financiación ni venderlo a espaldas de nadie. Los organizadores de Macao pasaron años intentando convertir la ocupación en propiedad y no lo consiguieron. Lo que les queda es el rastro escrito, y un rastro escrito dura más que un propietario. Para una escena que ve desahuciar squats y clubes autogestionados por toda Europa con cierta regularidad, de Berlín a Roma, esa durabilidad es justo lo que cuenta: se puede perder la sala y conservar igual la memoria de cómo se gestionaba.
Macao demostró que una pista de baile y una asamblea política podían compartir dirección durante casi una década. El archivo es la prueba que sobrevive cuando la dirección ya no existe.
¿Por qué importa?
Cada espacio ocupado que cierra pone a cero la memoria institucional de la escena: el siguiente colectivo que intenta lo mismo suele partir de la nada, sin acceso a cómo el anterior gestionaba realmente la seguridad, las fechas o la defensa legal. Un archivo publicado convierte los nueve años de Macao en algo que la siguiente ocupación puede consultar de verdad, no solo idealizar.
Qué pensamos
El verdadero logro de Macao nunca fueron las fiestas, por buena que fuera Dance Affliction. Fue demostrar que una ciudad europea tolera casi una década un espacio autogestionado y sin permisos mientras produzca algo que la ciudad no pueda replicar fácilmente. Un libro defiende peor esa idea que un almacén, pero es lo único que queda por defender.



