¿Cómo suena realmente Confessions II?
Veintiún años después de una Confessions on a Dance Floor construida sobre disco-house y una muestra de ABBA, Madonna cambia de registro para la secuela. Confessions II sustituye esa paleta por estructuras de techno de Detroit y house de Chicago: ritmos four-to-the-floor, programación de batería depurada, quiebres mínimos. Nick Levine, de NME, describe un disco «estructurado como un set de DJ, sin cortes entre canciones», 63 minutos pensados como una mezcla continua y no como 16 sencillos separados. Crack Magazine desglosa tema por tema: acid-techno en «Everything», tekfunk en «Danceteria», techno subterráneo en «School». Ese vocabulario no aparecía en ninguna crítica del original de 2005.
El álbum se construyó casi por completo en el estudio londinense de Stuart Price. Bajo el alias Jacques Lu Cont, Price publica discos de house y electroclash desde 1996; fue director musical de la gira Drowned World de Madonna en 2001 y coproductor de Confessions on a Dance Floor. No es un productor pop tomando prestado un sonido para un ciclo promocional. Lleva treinta años dentro de esta música.
¿Madonna se ganó esta paleta o está tomando prestado el crédito?
Ese es el debate real detrás de las puntuaciones de la crítica. El 3 de julio, en Martin Cid Magazine, la crítica Molly Se-kyung escribe que «la deuda estructural del álbum con la música electrónica negra, techno de Detroit, house de Chicago, es fundamental, no solo estilística», y ve en la ola de reseñas elogiosas a una prensa musical que no solo cambia de opinión sobre Madonna, sino que «cambia de opinión sobre sí misma», saldando una vieja deuda a la vez que sale el nuevo álbum.
«La prensa musical no solo está cambiando de opinión sobre Madonna. Está cambiando de opinión sobre sí misma.» (Molly Se-kyung, Martin Cid Magazine)
La réplica llega desde dentro de la industria, no de una crítica. La productora Linda Perry despacha el álbum asegurando que Madonna «sigue las tendencias» y busca «competir con Charli XCX y compañía» en vez de marcar su propio rumbo. Se-kyung responde que esa lectura pasa por alto lo que realmente hace Madonna: menos una creadora original que «una sintetizadora de géneros con una capacidad inigualable para hacer que esa síntesis parezca necesaria». Ambas lecturas pueden ser ciertas a la vez, y precisamente por eso el álbum funciona como historia, no solo como cifra de streams.
¿Por qué importan aquí los números de las listas?
Confessions II llegó al número uno de la lista británica de álbumes (actualización de mitad de semana) el 6 de julio, con 37.106 unidades equivalentes, la gran mayoría en formato físico, el decimotercer número uno de Madonna en el Reino Unido. En Estados Unidos, los servicios de seguimiento lo daban como favorito para debutar en el número uno del Billboard 200, con unas 101.000 unidades en la primera semana, lo que sería su décimo álbum número uno allí. Ese rendimiento comercial no depende de que se resuelva el debate sobre el crédito. Depende de que la producción de Price aguante como disco de house y techno, no como disco pop disfrazado, en pistas que no tienen nada que ver con el público habitual de Madonna.



