La hard techno era el género que se encontraba en un sótano de Berlín pasadas las 4 de la mañana, no en un cartel junto a un festival de 60.000 personas a orillas de un lago. El Nibirii Festival acaba de juntar ambas cosas: su escenario UNREAL 2026, uno de los cinco escenarios de la sexta edición que se celebra del 28 al 30 de agosto en el Dürener Badesee, Alemania, está construido enteramente en torno a la cara más dura de la techno, y los nombres del cartel no están ahí para rellenar.

¿Quién toca realmente en el escenario UNREAL?

I Hate Models encabeza el cartel, y esa elección ya dice algo. El productor francés construyó su catálogo con EPs autoeditados, publicados solo en vinilo, y una presencia en el escenario hecha de distorsión y cero concesiones, el tipo de artista que toca en Herrensauna o Bassiani, no en un festival de resort. Junto a él: Klangkuenstler, Héctor Oaks b2b SHDW (Oaks dirige la fiesta berlinesa Cadency y es residente en Herrensauna), Daria Kolosova, Alignment, Adrian Mills, Cloudy, Hannah Laing, Marlon Hoffstadt, Kalte Liebe en directo, Somewhen b2b Ueberrest y Future.666. Es el tipo de cartel que uno esperaría de una fiesta de club para 1.000 personas en Kreuzberg, no de un escenario de festival que apunta a seis cifras de asistencia.

¿Por qué importa un escenario íntegramente de hard techno a esta escala?

El Nibirii en su conjunto se extiende por cinco escenarios (Forest, Hidden, Lagoon, Pyramid y UNREAL) y ha anunciado, según DJ Mag Germany, más de 140 artistas para el fin de semana, apuntando a más de 60.000 personas junto al lago. La mayoría de los festivales de este tamaño diluyen sus bookings más duros, combinando uno o dos nombres techno reconocibles con una oferta más comercial para llenar el recinto. UNREAL hace lo contrario: es un cartel que se sostendría solo en cualquier festival de club dedicado, insertado tal cual dentro de un evento multigénero. Es una decisión de programación, no un accidente, y sugiere que los festivales ahora apuestan por que la credibilidad dentro de la escena underground venda entradas por sí sola, sin necesidad de suavizar el cartel.

¿Esto diluye la escena, o demuestra su tirón?

Ahí está la verdadera tensión. Programar a I Hate Models o Héctor Oaks ante 60.000 personas pone a artistas cuya carrera se construyó sobre la escasez (solo vinilo, anonimato tras una máscara, residencias en salas con puertas selectivas) frente a un público varias veces mayor que el de las salas que los hicieron conocidos. Parte de ese público ya conoce los discos. Otra parte escuchará por primera vez los sets saturados de distorsión de I Hate Models, justo al lado de un escenario que suena completamente distinto. Exposición o dilución: la respuesta dependerá de si el Nibirii mantiene esta política de programación el año próximo, en lugar de cambiar estos nombres por cabezas de cartel más grandes cuando la novedad se agote.

Un escenario íntegramente de hard techno dentro de un festival de 60.000 personas es apostar a que el underground no necesita suavizarse para llenar un campo.