Overmono no hace secuelas obvias. Su debut de 2023, «Good Lies», convirtió himnos de festival en una nominación al Mercury Prize; lo fácil para el segundo álbum habría sido más de lo mismo, salas más grandes, caídas más limpias. Los hermanos Tom y Ed Russell hicieron justo lo contrario: pasaron el disco intentando romper su propio equipo.

¿Qué hicieron realmente para este disco?

«Pure Devotion» se construye con herramientas deliberadamente degradadas: temas reamplificados a través de altavoces dañados, cinta llevada al límite hasta deformarse, cadenas de señal saturadas hasta que se rompen. No es una frase de comunicado, es el método de producción que el dúo ha detallado alrededor del álbum, y se nota en el sencillo «Lockup»: un grave que suena como si saliera de un altavoz reventado, acordes que siguen siendo tiernos aunque el bajo se ensucie. El vídeo, rodado por su colaborador habitual Rollo Jackson, mantiene ese tono: granulado, tenso, más asfixiante de lo que un dúo de este tamaño suele mostrar.

¿Quién más aparece en el álbum?

Once temas, cuatro invitados acreditados: el poeta John Joseph Holt pone voz en «Knight In Shining Prada», Kindora aparece dos veces (un tema en solitario y un featuring a tres con Rock Floyd en «Ballad»), Ruthven se suma en «Gem Lingo», y Rock Floyd completa ese último featuring. Un reparto más ajustado y vocal que en «Good Lies», que le permite a Overmono explorar el lado tierno del disco sin perder el peso grave que los convirtió en cabezas de cartel de festival.

El lenguaje sonoro de «Pure Devotion» combina ritmos contundentes y bajos que sacuden el pecho con acordes de una ternura poco habitual, una yuxtaposición deliberada y no un compromiso.

¿Por qué anunciarlo durante Labyrinth?

El momento no fue casualidad. Overmono reveló el álbum la misma semana en que tocaron con entradas agotadas en Labyrinth, evento al aire libre celebrado en el Old Royal Naval College de Londres, uno de los espacios con más peso arquitectónico del circuito outdoor británico. Para un dúo cuya apuesta entera es la escala (equipos enormes, salas enormes, un sonido pensado para golpear fuerte al aire libre), hacer coincidir el anuncio con una fecha agotada dice más que cualquier nota de prensa: prueba que el público que convirtió «Good Lies» en un clásico de festival sigue ahí, dispuesto a seguirlos hacia un segundo disco más áspero y extraño.