Hace diez años, Volumens arrancó como una apuesta arriesgada: poner a Valencia en el mapa de una electrónica que no le debe nada a la comodidad de la pista. Esta semana el festival demuestra que la apuesta funcionó. Su décima edición se extiende por tres de los espacios más singulares de la ciudad, del 13 al 18 de octubre, sin suavizar la programación por la ocasión.

¿Qué suena realmente en Volumens este año?

El cartel de aniversario no le da la espalda a la identidad del festival, la reafirma. Mouse on Mars, el dúo alemán que lleva tres décadas difuminando la línea entre composición y ruido, llega con un directo audiovisual completo. Loraine James, una de las voces más afiladas de la escena electrónica británica actual, toca en directo junto a Fyn Dobson. Saint Abdullah & Eomac suman su tecno colaborativo y políticamente cargado, y DJ Marcelle cierra todo el 17 de octubre con un set maratón de tres horas, el tipo de franja que suele definir la reputación de un festival más que cualquier nombre grande en el cartel.

Los espacios importan tanto como los artistas. CaixaForum, Bombas Gens Centre d'Art Digitals y 16 Toneladas le dan a Volumens una variedad que pocos festivales puramente de club pueden igualar: una institución cultural, un centro dedicado al arte digital y un espacio industrial pensado para el sonido, todo dentro de la misma programación.

¿Por qué importa tanto el arte digital aquí?

Volumens nunca ha tratado el arte visual como un simple telón de fondo para la música. Las instalaciones de Kati Katona, Christina Gerg, Owen McAteer, Diana Carmenate y el colectivo TarsLab funcionan por sí mismas, con acceso libre durante el día, lo que acerca el festival más a una bienal con banda sonora nocturna que a una programación de club convencional. Esa estructura, arte gratuito o casi gratuito, entradas de pago para los conciertos nocturnos entre 10 y 25 euros, explica en parte la fidelidad del público de Volumens, construida sin perseguir nunca al gran público.

Diez años después, Volumens sigue pareciendo un festival diseñado por gente dispuesta a perder dinero con un set de tres horas de DJ Marcelle antes que fichar una cabeza de cartel sin riesgo.

¿Qué demuestra realmente esta décima edición?

La mayoría de festivales de electrónica experimental del sur de Europa no llegan a los diez años: la financiación se agota, los espacios cierran, o la programación deriva hacia lo que vende más rápido. Que Volumens llegue a su décima edición sin dejar de fichar a Saint Abdullah & Eomac en lugar de un nombre más comercial demuestra que el modelo funciona, a la escala para la que fue pensado.