¿Qué pasa cuando el underground se vuelve mainstream?
La house music no nació para ser mainstream. Como tantos movimientos musicales influyentes, surgió de comunidades que buscaban libertad, identidad y un lugar al que pertenecer fuera de las expectativas de la sociedad.
Pero, según Bob Sinclar, algo fundamental ha cambiado.
En una entrevista con Ibiza 1 Radio, el DJ y productor francés reflexionó sobre la transformación de la música dance, que pasó de ser un movimiento contracultural a convertirse en una fuerza dominante del entretenimiento popular.
«Nosotros éramos la contracultura. Por eso éramos cool. Y ahora ya no somos nada cool», afirmó.
Para Sinclar, el problema va mucho más allá de los gustos musicales. Se trata de lo que ocurre cuando una cultura que antes celebraba la individualidad se convierte en una industria cada vez más dirigida por la visibilidad, el éxito comercial y las redes sociales.
De bailar a dejarse ver
Una de las mayores frustraciones de Sinclar es la transformación de la propia pista de baile.
Donde antes los clubbers venían a perderse en la música, él cree que ahora muchos vienen a documentar la experiencia y a difundir su presencia en línea.
«La gente ya no viene a bailar. Viene a exhibirse», sostiene.
La cabina del DJ se ha convertido en un escenario para filmar. El público pasa de participar en la experiencia musical a convertirse en espectador del artista.
Y cuanto más se desplaza la atención hacia la cámara, más se aleja la fiesta de la energía colectiva que la hacía especial.
Sinclar reconoce la contradicción. Las redes sociales dan visibilidad a los artistas, ayudan a promocionar eventos, construyen público y generan oportunidades económicas en una industria en la que el streaming ha transformado los ingresos de la música.
Las mismas plataformas que critica también ayudan a sostener las carreras de los DJ de hoy.
No hay una solución fácil, y él mismo lo admite.
¿Adónde se fue la rebeldía?
Sinclar traza paralelismos con movimientos musicales anteriores, entre ellos el ska, el punk y el hip hop.
Cada uno representó, a su manera, una alternativa a la cultura dominante de su época. La música no era simple entretenimiento. Era una forma de distinguirse, de desafiar las expectativas y de encontrar una comunidad.
La moda, el lenguaje, la música y la actitud se convirtieron en expresiones de pertenencia precisamente porque rechazaban lo que se consideraba normal.
Pero Sinclar se pregunta qué ocurre cuando las generaciones más jóvenes parecen cada vez más interesadas en encajar en las tendencias digitales que en diferenciarse de ellas.
Describe una cultura en la que la gente se viste igual, crea vídeos similares y construye su identidad alrededor de avatares digitales.
Su preocupación no es simplemente que la música haya cambiado. Es que el deseo de ser diferente esté cediendo paso al deseo de ser visto.
¿Las redes sociales han hecho que todos seamos iguales?
La crítica de Sinclar plantea una pregunta más amplia sobre la cultura juvenil contemporánea.
Las redes sociales fomentan la expresión personal, pero sus algoritmos premian la repetición. Las mismas estéticas, sonidos, looks y tendencias se reproducen entre millones de personas, convirtiendo a menudo la individualidad en otro formato reconocible.
Aun así, vale la pena preguntarse si los jóvenes realmente han perdido su espíritu rebelde, o si la rebeldía simplemente se ha vuelto más difícil de reconocer.
Las escenas underground siguen existiendo. Nuevos sonidos, comunidades y subculturas continúan surgiendo, a menudo lejos del mundo muy visible de los festivales comerciales y los DJ famosos.
Quizá la diferencia es que las contraculturas de hoy tienen que existir en un mundo donde casi todo puede convertirse al instante en contenido.
Y una vez que algo se vuelve tendencia, ¿cuánto tiempo puede seguir siendo contracultural?
¿Puede la música dance recuperar su contracultura?
Las palabras de Sinclar reflejan una tensión creciente dentro de la música electrónica: entre la pista de baile como espacio de libertad y el club como escenario de estatus social.
Su crítica resulta especialmente llamativa porque él mismo es uno de los artistas que ayudó a llevar la house music al público mainstream global.
Pero eso no convierte necesariamente su argumento en una contradicción. Pone de relieve la compleja relación entre el éxito de un movimiento musical y la identidad cultural que originalmente lo definía.
La pregunta no es si la música dance debería haberse quedado underground para siempre. Su éxito global ha unido a personas de distintas generaciones y países.
La pregunta es si se pierde algo esencial cuando el deseo de vivir la música es sustituido por el deseo de demostrar que estuviste allí.
Y quizá la próxima contracultura no necesite un nuevo género, ni una nueva moda, ni otro DJ viral.
Quizá empiece con algo sorprendentemente radical en el mundo actual.
Gente que deja el teléfono a un lado, que se olvida de cómo se ve, y que simplemente baila.
Fuente: entrevista a Bob Sinclar, Ibiza 1 Radio. Citas traducidas del fragmento de la entrevista en francés.



