¿Por qué le importa a un productor de house un sinte barato y antiguo?

El Ensoniq ESQ-1 nunca fue un símbolo de estatus. Llegó en 1986 como un híbrido barato y todoterreno: formas de onda digitales ásperas leídas de un chip y luego pasadas por un filtro analógico de verdad. Esa mezcla de fuente limpia y filtro sucio le daba una voz fría, algo quebradiza, que acabó en los primeros discos de house, techno y synth-pop. Muchos productores lo eligieron porque podían pagarlo, y ese carácter se quedó.

Cherry Audio acaba de reconstruirlo en software, y la fecha no es casual. El plugin sale a 69 $ por los 40 años del ESQ-1, un guiño abierto al hecho de que el original se quería precisamente por ser asequible.

¿Qué consiguió Cherry Audio con la licencia?

No es un clon hecho de oído. Cherry Audio trabajó con Creative Technology Ltd., dueña de la propiedad intelectual de Ensoniq, en una colaboración oficial sin precedentes. El instrumento se basa en las 32 formas de onda originales del ESQ-1 y trae más de 400 presets, los patches de fábrica entre ellos, así que los puntos de partida que todos recuerdan están ahí desde el primer arranque.

«we are proud to see the authentic sound of the ESQ-1 preserved and made accessible to a new generation of musicians»

Esa frase de Koh Zi Kai, de Creative Technology, lo resume todo. Dan Goldstein, director técnico de Cherry Audio, lo plantea igual: «we have carefully crafted every detail to capture what made the hardware iconic».

¿Qué añade el software que la máquina de 1986 no tenía?

Bastante, y aquí es donde se gana su sitio en una sesión actual. Hay hasta 32 voces por capa con una arquitectura de doble capa, más modos multitímbricos en split y apilados. Tiene aftertouch por canal y polifónico con soporte MPE, tres cadenas con 20 efectos (el hardware no tenía ninguno), una matriz de modulación de 41 fuentes y 85 destinos, un secuenciador por pasos polifónico 16x4 y un arpegiador integrado. La importación y exportación SysEx mantiene la compatibilidad con el hardware real, así que los patches viajan en ambos sentidos.

¿Forma parte de una tendencia mayor?

Sí. Se suma a una serie de revivals de software oficiales, con licencia, de híbridos asequibles de los 80, esas máquinas que levantaron un montón de discos underground con poco presupuesto. Para un productor de house o techno el atractivo es directo: un carácter reconocible, ese grano digital algo lo-fi pasado por analógico, los patches de fábrica de verdad, polifonía y efectos modernos, y una entrada de 69 $ en vez de cazar una unidad de 40 años en el mercado de segunda mano.