¿Quién dice que el techno debería dejar de mirar atrás?

Jeff Mills no es un espectador del techno, es uno de los que decidieron qué sería. The Wizard en la radio de Detroit en los años ochenta, cofundador de Underground Resistance junto a « Mad » Mike Banks y Robert Hood, y después una carrera en solitario sobre Axis y una pila de discos conceptuales. Cuando se sienta en el Nova Club de Radio Nova en junio de 2026, repite su frase de hace treinta años, el techno es educación y no entretenimiento, y deja claro su verdadera disputa: una cultura que prefiere revivir su pasado antes que construir su futuro. Viniendo de quien ayudó a decidir qué sería el techno, eso pesa más que una opinión.

¿Cómo es construir el futuro, para él?

Es The Trip To Vega, publicado en Axis el 19 de junio de 2026: un álbum conceptual de once cortes ambientado en septiembre de 2097, cuando el desplazamiento de las placas tectónicas hace que la Tierra emita una frecuencia armónica que la vuelve inhabitable, y la humanidad embarca rumbo a Vega, una estrella muy real, a unos 25 años luz. No es evasión, es un experimento mental llevado a la pista, y su respuesta más clara a para qué sirve el techno: imaginar lo que viene. Hasta su oficio apunta hacia delante. Sigue mezclando a la manera difícil, en tres platos más una caja de ritmos y sin botón de sync, no como número de museo, sino como argumento de que la mano humana, errores incluidos, es donde la música sigue viva.

Oír algo real, aunque tenga errores y polvo en los discos, es más interesante.

¿Significa eso que desprecia el pasado?

No, y es justo lo que el debate sobre la nostalgia no ve. Celebra los 30 años de Live At The Liquid Room, Tokyo, pero en lugar de un bolo de nostalgia a modo de vuelta de honor, reconstruye el equipo de cintas original y proyecta antes un documental, para que la sala aprenda cómo se hizo. Honra el pasado sin vivir en él. La escena que parió el techno ha derivado en una economía de la reedición, cajas de aniversario, revivals de raves noventeras, el botón de sync alisando cada transición. Mills usa su propia historia como material para enseñar y la apunta al futuro.

¿Por qué suena entonces a acusación?

Porque el contraste es brutal. Muchos veteranos monetizan su catálogo y lo llaman patrimonio; Mills rechaza el botón de sync, toca tres platos en directo y entrega un futuro nuevo el mismo mes en que celebra un set antiguo. La parroquia de las raves de 1996 oye un reproche; el bando antinostalgia asiente. Ambos reaccionan a lo mismo, el hombre que ayudó a inventar el techno diciendo, sin levantar la voz, que la música solo tiene una obligación real: seguir construyendo lo que viene.