¿Qué ganó realmente el Reply AI Music Contest?

No un tema hecho por una IA. Ciauru, nombre artístico del DJ y productor italiano Simone Privitera, se llevó la segunda edición del Reply AI Music Contest en el Nova Stage del Kappa FuturFestival con Raw Botanical Data, un directo donde su propia producción electrónica convivía con visuales generados mediante Krea.ai, SeeDance e Higgsfield: imágenes de origen sencillo estiradas hasta lo que el propio concurso describió como «movimientos imposibles, estructuras espaciales recursivas y texturas inestables», sincronizadas en tiempo real con la música.

Privitera se ha encargado de marcar el límite: «La inteligencia artificial no es necesariamente un peligro o un obstáculo. En este caso la usé de forma creativa: todo partió de la mano de un ser humano, que guio el 90% del trabajo.» La música era suya. La IA se encargó de la imagen.

«Todo partió de la mano de un ser humano, que guio el 90% del trabajo», afirma Ciauru.

¿Por qué importa más el jurado que el trofeo?

Cinco finalistas tocaron este año en el Nova Stage (Violeta Valcheva, POLARIS, Ciauru, Yichu Li y el dúo alemán PARAFRAME & Avis Vox, que se llevó un Grand Prix aparte a la innovación), de entre más de 1.400 candidaturas de 45 países. Pero la cifra que debería detener el scroll de la industria es la lista del jurado: Agoria y Max Cooper, dos productores con décadas de credibilidad justo en el terreno de la performance techno audiovisual a gran escala que este concurso está auditando, junto a Filippo Rizzante (Reply) y el curador del festival Ali Demirel.

Un concurso patrocinado por una tecnológica y juzgado por desconocidos sería una nota de marketing. Juzgado por Agoria y Max Cooper es otra cosa: la prueba de que la performance visual asistida por IA es ya algo que artistas serios están dispuestos a respaldar en público, en uno de los festivales de techno más grandes de Europa.

¿Está el Kappa normalizando algo que a los puristas les incomoda en silencio?

Es el segundo año consecutivo que el Kappa organiza este concurso, no el primero, y ahí está la verdadera noticia: un experimento marginal en un escenario secundario se está convirtiendo en un fijo de uno de los carteles más grandes del continente. Nadie ha dicho que una máquina compusiera un tema, ni que la IA haya superado a un artista humano en nada. Lo ocurrido es más concreto y, para el debate que recorre la escena, más interesante: un circuito juzgado y curado para visuales asistidos por IA acaba de recibir, por segundo año consecutivo, el aval de nombres que la techno se toma en serio.

Suficiente para incomodar a algunos productores, no porque Ciauru hiciera trampa, sino porque «guiado al 90% a mano» es exactamente el tipo de matiz que se va erosionando un poco más cada año que se repite un concurso así. Que esto sea la tecnología normalizándose como cualquier otra herramienta de producción, o una pendiente a vigilar, dependerá de quién siga sentado en el jurado el año que viene.