Las grandes discográficas ya han decidido cómo van a convivir con la música de IA, y lo han hecho sin preguntar a los artistas. A finales de 2025, Universal llegó a un acuerdo con Udio y Warner con Suno, convirtiendo en socios con licencia a dos empresas a las que estaban demandando. Esos acuerdos pagan a los sellos y protegen los derechos de los sellos. Los músicos cuyos catálogos entrenaron esos modelos no aparecen en el cheque.
Nada de inscripciones por defecto. Nada de cláusulas de IA impuestas. Ningún uso del trabajo, la voz, la interpretación, la imagen o la identidad creativa de un artista sin consentimiento real, remuneración justa y transparencia total.
¿Entonces los sellos ya están firmando IA?
Sí, y de dos maneras. Primero llegaron los acuerdos de licencia. El de Udio con Universal le obliga a dejar de ser un generador instantáneo de texto a canción para convertirse en una plataforma cerrada para fans, donde se remezcla y se mezcla música con licencia y nada de lo que se crea puede salir del servicio. El acuerdo de Suno con Warner es más suave: la aplicación sigue igual, pero solo puede entrenarse con catálogo licenciado y ahora hay que pagar para descargar lo que se hace. Sony no ha firmado con ninguno y sigue demandando a ambos; se espera que sus casos sobre fair use produzcan en el verano de 2026 un fallo que podría sentar precedente para la IA generativa mucho más allá de la música. Un recuento de WPI Economics citado en la carta abierta de los artistas ya sitúa a las industrias creativas en unos 274 acuerdos de licencia de IA.
La segunda vía es más directa: los sellos fichan proyectos de IA como si fueran artistas. Xania Monet, un avatar de IA con la poeta de Misisipi Telisha "Nikki" Jones detrás, que convierte sus textos en R&B con Suno, firmó un contrato multimillonario con Hallwood Media, y el proyecto de country por IA Breaking Rust ya ha entrado en las listas de Billboard.
¿Qué encendió la mecha?
El 22 de junio de 2026, 31 organizaciones de artistas, autores y mánagers, entre ellas la Music Artists Coalition, la Featured Artists Coalition, SONA, la Artist Rights Alliance y la ECSA, publicaron una carta abierta para decir basta. Su exigencia es tajante: nada de inscripciones por defecto, nada de cláusulas de IA impuestas y ningún uso del trabajo, la voz o la imagen de un artista sin consentimiento, pago y transparencia. "Se está pidiendo a los artistas y autores que den permiso sin información suficiente, sin condiciones claras ni remuneración garantizada", dice la carta, que apunta a los sellos que han empezado a escribir a los artistas para avisarles de que quedarán inscritos en usos de IA salvo que se opongan. El dinero ya está en los tribunales: hay músicos que han demandado a Warner y Universal por el reparto de las sumas de los acuerdos de IA, porque el patrón se repite, el sello se embolsa un anticipo y conserva sus derechos mecánicos, y los humanos no reciben nada directo.
¿De verdad la IA está tomando la pista?
La pista no, todavía no, pero las cañerías se llenan rápido. Deezer afirma que alrededor del 44 % de los temas nuevos que se le suben cada día, cerca de 75.000, ya están generados por IA. Lo tranquilizador es que la IA todavía solo supone entre el 1 y el 3 % de lo que la gente escucha de verdad, y Deezer marca el 85 % de esas escuchas como fraude y las desmonetiza. A ciegas, los oyentes no saben distinguirla, pero las encuestas dicen que les gusta menos la música de IA cuanto más se la cruzan, y a mediados de 2026 ningún proyecto de IA confirmado ha dominado Beatport, Traxsource ni las grandes listas dance. Para el house, la amenaza nunca fue un número uno de IA. Es la larga cola que diluye un bote de regalías limitado, y los modelos de voz capaces de clonar a un cantante que jamás cantó esa línea.



