Sven Väth no suele meterse en polémicas de Instagram. Por eso llamó la atención que, en una sola semana, el fundador de Cocoon apuntara a dos referentes distintos del techno melódico, primero con una palabra y luego con nueve.
¿Qué escribió exactamente Väth, y sobre qué?
El comentario que más circuló apareció bajo un clip de Instagram de Argy detrás de los platos, haciendo girar el cable de sus auriculares en pleno set. Sven Väth escribió que Argy era "el peor y más grande DJ payaso wannabe", añadió un emoji de vómito y borró todo poco después. Demasiado tarde: los fans ya habían hecho capturas de pantalla, y al día siguiente la historia corría por todo el Instagram techno y los medios especializados.
Sonaba como un dardo muy concreto contra un gesto muy concreto, ese giro de cable que ya funciona casi como meme entre los DJ de mainstage que tocan tanto para las cámaras de móvil como para la pista. Pero el comentario no salió de la nada.
¿Fue un caso aislado?
No. Seis días antes, el 17 de septiembre, Väth había comentado otra publicación que reunía a Anyma con Kevin de Vries, Cassian, Colyn, Agents of Time e Innellea, la élite actual del techno melódico de mainstage. Su comentario ahí fue una sola palabra: "Clowns!". Juntos, los dos comentarios parecen menos un arrebato puntual que una postura que Väth viene expresando en público desde hace meses, contra los escenarios con CGI, los movimientos coreografiados en cabina y la estética ante todo visual que hoy define las salas más grandes del género.
La conexión con Argy hace que la pulla duela más que una queja genérica. Argy sacó su EP "Unreliable Virgin" en Cocoon Recordings en 2007, el sello de Fráncfort y la fiesta de Ibiza que Väth dirige desde 1999 y sobre los que construyó su propia reputación. Väth no critica a un desconocido: critica a alguien que se formó, en parte, en su propio sello.
¿Cómo ha reaccionado la escena?
De forma dividida, y a viva voz. Bajo la cobertura alemana del caso, un usuario le dijo a Väth, en esencia, que no fuera envidioso y se preocupara de su propio trabajo en vez del de Argy. Otro calificó el comentario de directamente repugnante. En otros sitios las respuestas iban en sentido contrario, aplaudiendo a Väth por decir en voz alta lo que muchos DJ y programadores veteranos murmuran en privado sobre la relación de la nueva generación con el espectáculo.
"Un DJ forma parte del público, no es un artista actuando por encima de él", es aproximadamente como el entorno de Väth ha descrito desde hace tiempo su filosofía, en claro contraste con la pirotecnia y los escenarios en pirámide que hoy definen a artistas como Anyma.
Ni Argy ni su equipo han respondido públicamente. Väth tampoco ha añadido nada más, más allá de borrar el comentario.
¿De qué se discute realmente en el fondo?
Quitando el insulto, lo que queda es un debate viejo con ropa nueva: para qué sirve realmente un DJ. La generación de Väth construyó su autoridad leyendo una sala durante seis u ocho horas, casi sin producción visual, casi sin un móvil en alto. La generación de Argy toca ante salas donde lo visual, los drops y el clip que circulará al día siguiente son parte del oficio, no una distracción de él. Los dos modelos llenan pistas. Ninguno ha desplazado al otro. Lo que hizo el comentario de Väth fue poner un signo de exclamación muy público y muy crudo sobre una tensión de la que ya hablan programadores, bookers y fans en cada anuncio de cartel.
Si Argy responde, y cómo lo hace, dirá mucho sobre de qué lado de ese debate quiere situarse la próxima generación de cabezas de cartel.



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