¿Qué superó de verdad los mil millones de dólares?

El informe anual de 2025 de la RIAA, publicado en marzo de 2026, situó los ingresos del vinilo en EE. UU. en 1.040 millones de dólares, un 9,3 % más en el año. Es el 19º año seguido que crece el formato y la primera vez que rebasa los mil millones desde 1983. El vinilo ingresa ya más del triple que el CD: se movieron 46,8 millones de discos, mientras los ingresos del CD caían otro 7,8 %. Los formatos físicos vuelven a ser cerca del 12 % de una industria discográfica que marcó su propio récord de 11.500 millones de dólares, aun cuando el streaming se lleva el 82 % de cada dólar.

¿Y por qué parece que el boom se saltó al underground?

Porque la mayor parte de ese dinero lo genera justo el tipo de artista frente al que se definieron el house y el techno. The Life of a Showgirl de Taylor Swift vendió 1,6 millones de copias en vinilo en 2025, más de cinco veces la segunda del ranking, Sabrina Carpenter. Detrás va una larga cola de reediciones de catálogo en vinilo pesado y ediciones deluxe, compradas a menudo por coleccionistas que, encuesta tras encuesta, ni siquiera tienen tocadiscos. El precio medio de un LP nuevo llega a 37,22 dólares, casi una cuarta parte más que en 2020. El vinilo se ha convertido, sin ruido, en una línea de merchandising premium para los grandes nombres del pop, con precio y marketing de objeto de recuerdo.

El formato que el underground mantuvo caliente en los años flacos es hoy un negocio de coleccionismo pop, y quienes lo salvaron están al final de la cola.

¿Quién paga el atasco?

Los independientes. EE. UU. tiene apenas una veintena de plantas de prensado, y cuando una superestrella encarga medio millón de discos, esas prensas quedan reservadas durante meses. Los plazos rondan los seis a nueve meses, lejos de la pesadilla de dieciocho meses del pico, pero siguen siendo brutales para un sello que intenta cuadrar un lanzamiento con una gira o una temporada. Un sello house o techno que prensa 300 a 500 copias no es nada al lado del pedido de una major: espera, y encima paga más por unidad. La electrónica y el techno figuran una y otra vez entre los géneros más castigados cuando la capacidad se estrecha.

¿Es este regreso una buena noticia para el house?

Sí y no. Un mercado de mil millones mantiene abiertas las plantas, da trabajo a grabadores y estudios de masterización y conserva el disco en el centro de la cultura. Pero el crecimiento se concentra en la cúspide, y la economía, coste unitario, capacidad, espacio en la tienda, premia cada vez más al catálogo y al pop frente a la novedad underground. El regreso es real. Otra cosa es si pertenece a la escena que nunca dejó de prensar discos.