Mucho antes de que una caja de ritmos sonara en un sótano de Detroit, alguien cortaba cinta magnética en un edificio de radio de Alemania Occidental para sacar de ella sonidos que nadie había escuchado. Ahí empieza esta historia, en una radiodifusora, no en un club.
¿Por qué una radio construyó un estudio para el ruido?
La Westdeutscher Rundfunk (WDR) abrió en 1951 su Studio für elektronische Musik en Colonia, la primera instalación de este tipo alojada dentro de una radiodifusora en el mundo. Su función era generar sonido a partir de fuentes puramente electrónicas (generadores de onda senoidal, filtros, manipulación de cinta) en lugar de grabar instrumentos acústicos. Karlheinz Stockhausen se incorporó en 1953 y pasó la siguiente década convirtiendo osciladores y bucles de cinta en composición. Su pieza de 1956, «Gesang der Jünglinge», combina la voz de un niño con tono electrónico puro, construida enteramente en ese estudio de Colonia, y sigue siendo un punto de referencia para cualquiera que haya superpuesto un vocal cortado sobre un pad sintetizado. Esto era música de concierto de vanguardia, no música de baile, pero el método (construir una pieza a partir de sonido generado y procesado en vez de tocado) es el mismo que usa hoy un productor.
¿Cómo llegaron los métodos del estudio a una banda de rock de Colonia?
La conexión no es especulativa. Holger Czukay e Irmin Schmidt, que fundaron Can en Colonia en 1968, habían estudiado composición con Stockhausen. Czukay, a su vez, introdujo al ingeniero Conny Plank, ya familiarizado con la cultura de estudio de la WDR, en ese mismo círculo. Plank se convirtió en el tejido conector de la década siguiente: produjo los primeros discos de Can, luego dio forma a los cuatro primeros álbumes de Kraftwerk, y más tarde trabajó con Neu! y Cluster. El hilo que va de un estudio de cinta académico a una escena de rock y electrónica underground pasa por personas concretas que trabajaron juntas, no por un vago «sonido alemán».
¿Por qué importa tanto Kraftwerk para el house y el techno?
Kraftwerk construyó su propio estudio Kling Klang en Düsseldorf desde 1970 y, en discos que van de Autobahn (1974) a Trans-Europe Express (1977) y Computer World (1981), convirtió la composición electrónica en estructura repetible y bailable: pulso, secuencia, groove. Ese giro, del estudio como laboratorio al estudio como instrumento rítmico, es justo lo que Detroit captó. Juan Atkins ha contado que escuchó a Kraftwerk por primera vez en la radio de Detroit gracias al DJ Electrifying Mojo, junto a George Clinton y Parliament-Funkadelic, y describe el desarrollo electrónico de Detroit como algo «básicamente paralelo» a lo que ocurría en Alemania, más que una simple copia. Derrick May lo resumió sin rodeos cuando Kraftwerk tocó en Detroit en 2015, al describir el sonido del techno local como «George Clinton y Kraftwerk atrapados en un ascensor, con un secuenciador como única compañía».
«George Clinton y Kraftwerk atrapados en un ascensor, con un secuenciador como única compañía.», Derrick May, sobre el sonido del techno de Detroit
Así es el linaje: el laboratorio de una radiodifusora en 1951, una década de experimentos en cinta firmados por un compositor, una banda de rock de Colonia formada por sus antiguos alumnos, el ingeniero que la conectó con Kraftwerk, y un estudio de Düsseldorf cuyo pulso secuenciado cruzó el Atlántico en una emisión de radio nocturna. Nada de esto era inevitable, y nada ocurrió en un solo estudio o una sola ciudad. Ocurrió porque personas concretas siguieron trabajando juntas.



