El flow es un estado mental en el que te concentras tanto en lo que estás haciendo que dejas de pensar de más, pierdes la noción del tiempo y tus acciones empiezan a sentirse naturales. El psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi lo describió como un estado en el que el reto, la habilidad y la concentración se unen.
Los DJ pueden entrar en flow cuando tienen suficiente tiempo para asentarse en el set, entender la sala y dejar de pensar en cada pequeña decisión. Empiezan a reaccionar de forma natural a la música y al público. En lugar de planear cada movimiento, empiezan a sentir lo que debería pasar a continuación.
Los productores pueden experimentar lo mismo en el estudio. Tras trabajar un rato sin interrupciones, pueden dejar de juzgar cada sonido y empezar a seguir las ideas con más libertad. Pueden pasar horas sin que se den cuenta. Las habilidades técnicas siguen ahí, pero el proceso creativo empieza a sentirse menos forzado.
El músico Kenny Werner escribe sobre una idea similar en Effortless Mastery. Su punto de vista es que los músicos tocan mejor cuando dejan de esforzarse tanto por controlarlo todo. El objetivo es practicar hasta que tus habilidades sean lo bastante sólidas como para poder relajarte, confiar en ti mismo y dejar que la música ocurra.
Eso no significa que el flow requiera menos habilidad. Normalmente requiere más. Piensa en aprender a conducir. Al principio piensas conscientemente en cada movimiento. Años después, puedes conducir una ruta conocida casi de forma automática. Los DJ y los productores practican hasta que muchas decisiones técnicas se vuelven instintivas, dejando más espacio mental para la creatividad.
Por eso el flow puede ser tan importante para los grandes sets de DJ. Cuando el DJ deja de preocuparse por cada transición y confía en su experiencia, puede asumir más riesgos, reaccionar de forma más profunda ante el público y seguir ideas inesperadas. La actuación deja de tratarse de seguir un plan y pasa a tratarse de descubrir hacia dónde puede ir la música.
Los sets más largos pueden ayudar porque el flow suele tardar en desarrollarse. Un DJ puede necesitar entender el sistema de sonido, la energía de la sala y a qué responde el público antes de relajarse por completo. Un set de una hora puede ser genial, pero más tiempo le da a la relación entre el DJ y la pista de baile más espacio para crecer.
Las interrupciones pueden romper ese estado. Las conversaciones, los selfies, las peticiones de temas o la gente que intenta constantemente captar la atención del DJ obligan a su cerebro a apartarse de la música. El flow depende de una concentración sostenida, así que proteger el espacio del DJ no es solo cuestión de etiqueta. Puede afectar directamente a la actuación que todos han venido a escuchar.
El público también puede entrar en ese bucle. El DJ toca algo, el público reacciona, el DJ lo nota y responde. Con el tiempo, ambas partes empiezan a confiar la una en la otra. El DJ se vuelve más atrevido, el público lo sigue, y la sala puede empezar a sentirse como una única experiencia conectada. Los clubbers suelen llamarlo simplemente «el viaje».
En su nivel más profundo, el flow puede ser el punto en el que la maestría se encuentra con la entrega. Conoces tu oficio lo bastante bien como para dejar de controlar cada segundo de él. Michael Jackson, Prince y muchos otros artistas han descrito la música como algo que parece pasar a través de ellos. Quizá el flow es lo que hace posible ese tipo de apertura.
Los sets más largos, menos interrupciones y años dominando tu oficio pueden crear el espacio para «soltar y dejar que ocurra». Sigues sabiendo qué hacer, cómo hacerlo y cuándo, pero ya no necesitas pensar en cada paso. Esa confianza y esa apertura son a menudo donde nace el mejor arte, tanto para el DJ como para el público.



